La eterna impunidad del clan Pujol (Video comentario de Joaquín Abad)
Que Jordi Pujol quede fuera del juicio por la fortuna oculta del clan no borra su responsabilidad política ni el significado histórico de una causa que retrata la corrupción estructural del viejo nacionalismo catalán. La Audiencia Nacional ha apreciado su deterioro cognitivo y lo ha excluido del procedimiento por razones de salud. Desde el punto de vista humano, la decisión puede entenderse. Desde el punto de vista democrático, deja una imagen amarga: el gran patriarca que manejó Cataluña durante décadas como un feudo familiar no responderá penalmente por el sistema que personificó.
Pujol fue mucho más que un dirigente autonómico. Fue el símbolo del llamado «oasis catalán», una construcción política, mediática y empresarial que confundió estabilidad con impunidad. La investigación ha expuesto una trama familiar destinada a ocultar en Andorra una fortuna vinculada, según la Fiscalía, al favorecimiento de empresarios afines a cambio de adjudicaciones públicas. Que ahora el patriarca no se siente en el banquillo también es un símbolo: el de una Justicia que llega tarde y de una sociedad a la que se hurtó durante décadas la verdad sobre quienes decían hablar en su nombre.
La exclusión de Pujol no cierra el juicio. En el banquillo siguen sus hijos, con peticiones de penas muy severas. Pero sí altera la percepción pública del proceso. Después de tantos años de instrucción, cuentas opacas y una confesión que en 2014 derribó el mito, resulta difícil aceptar que el principal responsable político del sistema quede definitivamente fuera de la causa. La biología no absuelve la historia.
Más inquietante aún es la progresiva rehabilitación simbólica del ex president. Pujol ha sido blanqueado con honores, tratado por parte del establishment catalán como si su legado pudiera separarse del entramado corrupto que creció bajo su sombra. La reacción de Salvador Illa, celebrando la decisión judicial por su «humanidad», revela además una operación política más amplia: presentarse como heredero del buen nacionalismo, del orden y de la estabilidad que Pujol representó… antes de que el mito se desplomara. Sin embargo, no puede haber reconstrucción democrática sobre la nostalgia de una etapa atravesada por el clientelismo y el saqueo.
Se produce además una coincidencia extraordinaria: España asiste al mismo tiempo a juicios o investigaciones que afectan a las tramas de corrupción del PSOE, del PP y del nacionalismo catalán. Esa simultaneidad debería recordar una verdad elemental: la corrupción no pertenece a unas siglas, sino a una forma patrimonial de entender el poder. En Cataluña, esa forma tuvo durante décadas un apellido: Pujol. Aunque el anciano patriarca quede fuera del procedimiento, el juicio debe llegar hasta el final. Cataluña merece saber toda la verdad sobre el sistema que la gobernó.











