Sanciones contra Rusia: la globalización prefiere el suicidio al repudio
Por Karine Bechet-Golovko.- Asistimos estos días a una avalancha de sanciones contra Rusia: exclusión de los atletas paralímpicos rusos por el COI, prohibición de los gatos rusos en las competiciones internacionales, cierre de tiendas extranjeras en el mercado ruso, etc… Pero son sobre todo los órganos del gobierno global los que caen en la tentación de la regionalización. El poder atlantista no puede aceptar ser ignorado y rechazado. Si pudiera haber una vida fuera de la globalización, los países dominados podrían tener la tentación de pensar en ello. Eso explica el nivel de rabia y odio hacia Rusia de parte de las élites gobernantes atlantistas. Porque se trata realmente de rabia y de odio.
Nos llega la noticia de que las marcas de lujo están abandonando el mercado ruso. Las tiendas de ropa extranjeras han bajado la persiana, IBM y Microsoft se han sumado a la campaña de aislamiento de Rusia… Estas empresas privadas van a perder gran parte de sus beneficios, a menos que los Estados occidentales los compensen por las pérdidas. En todo caso, vemos que el liberalismo y el mito de la no politización de la economía se han derrumbado. Objetivamente es el fin de la globalización económica.
Los mercados financieros se cierran à Rusia, las inversiones ya no pueden cruzarse, Visa y Mastercard ya no aseguran las transacciones, SWIFT se blinda poco a poco. La globalización financiera acaba de caer.
Las federaciones deportivas, las federaciones científicas y hasta médicas rechazan sus homólogas rusas.
Figuras rusas de la ópera o jefes de orquesta que trabajan en Occidente se ven presionados para hacer una declaración pública contra su país y contra Putin para poder seguir trabajando: todos se han negado. Los clásicos rusos son retirados de los programas, por ser… rusos. Los estudiantes rusos son expulsados de las universidades europeas, no por sus malos resultados académicos, sino a causa de su nacionalidad. El fanatismo lleva a la mediocridad y acaba en la inhumanidad. La cooperación internacional, elemento imprescindible de la globalización cultural acaba de desmoronarse ante nuestros ojos.
Todas esas medidas tienen un doble filo: al excluir a Rusia de esta globalización, el mundo atlantista queda reducido y pone en tela de juicio el fundamento de su propia existencia: la globalidad, un modo de vida para todos, el mismo código, la misma visión. Hasta Hollywood cae en la trampa y suspende sus estrenos en Rusia. La máquina propagandística americana corta la rama en la que está sentada. Queda abierta la puerta de la intoxicación de los espíritus y de las sociedades.
Los mismos órganos de gobierno global se ven afectados. El Consejo de Europa, en un ataque de ira debido al lanzamiento de la operación rusa en Ucrania ha querido excluir a Rusia. Ha hecho marcha atrás inmediatamente al acordarse de que ese organismo carecía de razón de ser sin Rusia.
Algunos piden la exclusión de Rusia de la OMS, lo que sería una manera de salir definitivamente de la furia covidiana. Otros se esfuerzan en querer expulsar Rusia del Consejo de Seguridad de la ONU, olvidando que Rusia, jurídicamente continuadora de la URSS en la escena internacional, es miembro fundador de la ONU y ha pagado con 25 millones de vidas el derecho a bloquear las decisiones globales con un veto.
Los norteamericanos planean la salida de Rusia de la OMC, organización en la que Rusia entró al precio de grandes concesiones. Sin Rusia, estos órganos ya no son globales, se vuelven regionales. De esa manera, el mundo unipolar reivindicado por los atlantistas volvería a la nada.
La reacción sin precedente de Occidente frente a Rusia se parece de manera llamativa a la de una mujer repudiada que prefiere el suicidio antes que la vergüenza de ser rechazada. En efecto, ¿cómo podría Occidente soportar ser negado cuando estaba a punto de vencer, pensaba, con la última salva covidiana que debía acabar por aplastar a las sociedades y sus economías, y domesticar a los gobiernos nacionales?
Ese mundo global se juega el todo por el todo, ya que al decidir enfrentar las sanciones, al aceptarlas como una parte del juego, Rusia (si se mantiene firme hasta el final) está en trance de devolverle a ese mundo su verdadera dimensión regional y su verdadera cara, que es la de una colonización.













Si fuera a tener hijos ahora, preferiría que fueran rusos. Tendrían un futuro más prometedor.
Esa de Ursula y el otro títere, venga a poner sanciones a Rusia, y al final nos la ponen a la población que somos los primeros en sufrirla, pero más tarde pero muy pronto también los grandes inversores financieros van a perder. Porque si cierran Zara, Mc Donalds, IBM en fin la retahila de firmas que habeis señalado, de momento perjudica a los trabajadores rusos, pero de largo a las propias empresas porque dejan de vender. Es como si yo me enfado con el ayuntamiento de mi ciudad y si tengo siete bares los cierro, ¿quién pierde? los trabajadores en… Leer más »