El sufragio al PP en clave andaluza
Muchos andaluces votarán este próximo domingo con la decisión de enviar un mensaje de rechazo a las políticas del Gobierno de la Nación y, fundamentalmente, con la pretensión de que el castigo al partido socialista empuje un paso más a Pedro Sánchez a disolver las cámaras y adelantar las elecciones generales. Como ha sucedido en las últimas convocatorias autonómicas, la estrategia de la tensión impulsada por el sanchismo, con sus actitudes divisivas y un talante bronco, de desprecio al adversario y a todo aquel que disiente de la línea gubernamental, actúa sobre una parte del voto en clave nacional, no sólo, por supuesto, en lo que se refiere a los partidos opositores en Madrid.
De hecho, es evidente la búsqueda del «cierre de filas» por parte de los propagandistas de La Moncloa, en procura de unos sufragios de resistencia que vendrían de las izquierdas comunistas, con apelaciones a un voto del miedo que, dadas las recientes experiencias, ha perdido eficacia. Sin embargo, existen sobradas razones para solicitar el voto al candidato popular, el actual presidente de la Junta, Juanma Moreno, y hacerlo desde una clave regional, porque los años de gestión del Partido Popular en Andalucía no sólo han demostrado que era posible otra manera de hacer política, buscando el delicado, pero imprescindible, equilibrio entre la protección de lo público, del estado de bienestar y el impulso a una economía liberada de cargas inútiles, que fuera capaz de atraer inversión y de sacar el mayor rendimiento posible a una sociedad, la andaluza, innovadora, que ha liderado la modernización de la industria agropecuaria española y, también, que es referente en las nuevas tecnologías aeroespaciales y en la investigación en energías renovables. Pero si el dinamismo económico andaluz bajo los gobiernos de Juanma Moreno tiene su reflejo en los mejores datos de empleo de las últimas dos décadas, en el incremento de las exportaciones, en la llegada de empresas de alta tecnología, en la reducción de la carga fiscal y de la burocracia, y en un crecimiento del PIB que supera al de la media española, existen otros bienes intangibles de igual o mayor importancia. Nos referimos a una manera de gobernar desde la centralidad, rehuyendo enfrentamientos y polémicas estériles, desde la convicción de que las verdades absolutas, los diosecillos que irradian esas ideologías que beben del extremismo, son el lastre más pesado para una buena gestión de lo público, de lo que afecta a todos los ciudadanos, no importa el partido al que voten.
Esa es, sin duda, la mayor aportación a Andalucía y a toda España del estilo de gobierno moderado, optimista y pegado al terreno del líder popular andaluz. Esa es la clave, la de Andalucía, que hay que buscar el domingo en las urnas. Porque el mensaje que representa el refrendo de una política alejada de maximalismos y centrada en la lógica del interés de los ciudadanos llegará nítidamente al resto de los españoles.












