El grupo municipal del PP de Casarrubios y la sombra alargada de Fernando Cedenilla: el problema que Rocío Pérez no quiere ver
VR.- En política, rodearse bien lo es todo. En el caso del PP de Casarrubios, cada vez son más las voces que señalan que el verdadero problema no está en el discurso ni en las siglas, sino en quién mueve realmente los hilos dentro del grupo municipal.
Oficialmente, la portavoz es Rocío Pérez, aunque ya muchos comentan, con ironía, que “Rocío no va ni al lavabo sin que lo autorice Fernando Cedenilla”. ¿Y quién es Fernando Cedenilla? El susodicho es un concejal reciclado de las ruinas de Ciudadanos que llegó sin ideas, sin carisma y, aparentemente, también sin instrucciones de uso. Tiene el talento político de una fotocopiadora en modo ahorro de energía, pero ahí está, decidiendo estrategias, repartiendo consignas y hablando con la autoridad de quien confunde mediocridad con liderazgo. Nadie recuerda exactamente qué méritos acumuló para mandar, quizá porque la lista cabe perfectamente en un pósit vacío. Su gran habilidad consiste en sobrevivir a cualquier cambio de siglas con la elegancia burocrática de un archivador beige: gris, anodino y sorprendentemente indestructible.
Y ese es precisamente el temor que empieza a extenderse entre afiliados y simpatizantes populares: que quien contribuyó al hundimiento de Ciudadanos en el pueblo termine arrastrando ahora al PP por el mismo camino.
Según distintas opiniones dentro del entorno político local, Fernando Cedenilla se ha convertido en un lastre para el partido. No cae bien a la gente, no genera ilusión y, lejos de sumar, desgasta. Además, hay quienes consideran que su forma de actuar desmotiva al resto del equipo, porque rara vez ve acertada una propuesta que no salga de él mismo. Y lo peor es que sus propuestas son tan revolucionarias que podrían aprobarse en una reunión de vecinos sin alterar el orden del día. Y lo requetepeor es que la ingenuidad política de Rocío Pérez convierte cualquier incompetencia en una apuesta de futuro. La suerte de Juanma Moreno es vivir a 493 kilómetros de estos lumbreras.
El problema para el PP es que Rocío Pérez parece confiar plenamente en él. Y ahí está el riesgo, ya que cuando un proyecto político depende demasiado de una sola persona —y además una figura tan cuestionada internamente— el resultado suele ser división, desgaste y parálisis. Porque no nos engañemos: su idea de cómo ganarle las elecciones al alcalde sanchista del municipio es tan absurda como usar el GPS para ir de la cama al sofá.
Casarrubios ya vio cómo Ciudadanos desaparecía del mapa político local. Ahora, algunos empiezan a preguntarse si la historia puede repetirse. Esta vez, con otras siglas. Si este es el cerebro gris del grupo municipal, no queremos imaginar cómo vienen de serie las neuronas rasas.












