Elisa relata su infierno tras cuatro abortos: “El sistema me abandonó por completo”
Elisa, una mujer de Badajoz de 30 años, ha decidido romper su silencio para contar el calvario que ha vivido tras someterse a cuatro abortos en los últimos diez años. Su objetivo es visibilizar las secuelas y la desatención que ha sufrido. “No me gustaría que nadie jamás tuviera que volver a pasar por la falta de información y la falta de acompañamiento que yo he vivido”, afirma sobre una experiencia que, asegura, la ha dejado con el “corazón un poquito todavía roto”.
Un calvario de una década
La historia de Elisa comienza cuando se queda embarazada a los 18 años. A pesar de que su pareja de entonces le “aconseja abortar”, ella decide seguir adelante y tiene a su hija, hoy de 10 años, en solitario. Poco después, con una nueva pareja y en medio de una gran precariedad económica, se enfrenta a su primer aborto. “Ante una situación difícil, la solución más fácil es abortar”, explica sobre el consejo que recibió de su entorno, incluidos los médicos. Tras la intervención, asegura haber salido “totalmente destrozada”.
Poco después, en la cuarentena de ese primer aborto, se queda de nuevo embarazada de la misma pareja y vuelve a interrumpir la gestación. “Volví todavía peor, porque sabes exactamente a lo que vas”, confiesa. El tercer aborto llegaría unos cinco años más tarde, con otra relación que tampoco era estable, en lo que describe como “la decisión más fría que tomé”.
Coaccionada y amenazada de muerte
El cuarto aborto, en 2023, fue el más traumático. Aunque inicialmente decidió seguir adelante con el embarazo pese a la oposición de su pareja, la situación dio un giro dramático. “Se me presentó delante una amenaza de muerte bastante fuerte”, relata. Obligada por el pánico, acudió a la clínica para interrumpir un embarazo que sí deseaba. “Yo no quería en absoluto, pero me encontraba bajo una amenaza muy fuerte y necesitaba protegerme a mí y a mi hija”, explicó a la ginecóloga entre lágrimas.
La experiencia en el quirófano fue desoladora. Sufrió un ataque de ansiedad y, según su testimonio, una enfermera que le sugirió pensárselo fue acallada por un compañero. “Le dieron un codazo y le dijeron que ya no era posible”, recuerda. Finalmente, fue anestesiada. “Cuando desperté, ya desperté en mi otra vida, ya era otra realidad totalmente diferente”.
El abandono del sistema y la búsqueda de ayuda
Tras la última intervención, Elisa se hundió. “Después de mi último aborto me tiré un año totalmente en cama, sin poder levantarme”, detalla. Denuncia un “abandono total” por parte de la Seguridad Social, que tardó ocho meses en darle una única cita con psicología y nunca llegó a proporcionarle un seguimiento. “A día de hoy, desde el 2023, todavía no tengo psicólogo por la seguridad social”, lamenta.
Al borde del ingreso en un psiquiátrico, encontró una salida al recordar a una activista de una asociación provida que conoció años atrás. Buscó ayuda y la encontró en estas organizaciones y en un programa de la Iglesia Católica conocido como Proyecto Raquel, que ofrece apoyo gratuito a mujeres con síndrome postaborto. “Me di cuenta de que sí hay salida, de que sí hay protección”, concluye, con la esperanza de que su mensaje llegue a otras mujeres para que “antes de tomar esa decisión en solitario, se decidan a acompañar”.











