La puntilla política final
Tomás Gómez.- Las purgas internas de Abascal, destacando el mediático caso de Ortega Smith en Madrid, el enfrentamiento abierto con la Iglesia y el desgaste esperable por entrar a gobernar en coalición con el PP, apuntan a que estamos en un punto de inflexión en los resultados de Vox, a la espera de lo que ocurra en 15 días en Andalucía.
Frente al liderazgo de Díaz Ayuso, la izquierda no consigue salir de su erial. A Mónica García le ha salido un opositor interno y los tambores de guerra han empezado a sonar, dados los antecedentes de esta formación política, no se descarta nada, incluso una nueva escisión que divida aún más a la izquierda.
Eso da una oportunidad al PSOE para recuperar algunos votos que apostaron en 2023 por Mónica García. Pero no son suficientes. El clima de derrumbamiento y de cambio de ciclo que vive el Partido Socialista afecta a todas las candidaturas, especialmente a las más vinculadas a Pedro Sánchez, como es el caso de Óscar López. Después de los procesos extremeño, aragonés y castellano y leonés, los cuadros medios madrileños tienen la certeza de que López es el peor candidato que se puede presentar en Madrid, donde el rechazo a Sánchez es mayor aún que en el resto de España.
Los movimientos para nombrar un nuevo candidato que se enfrente a Díaz Ayuso son vigilados de cerca por Ferraz y la federación se está convirtiendo en un polvorín porque el espacio para ocupar un puesto de salida en las listas se achica.
El caso Ábalos y Koldo es una bomba de relojería cuyos efectos aún no se calculan. Se trata de los que han tenido todo el poder orgánico, toda la información y han compartido con Sánchez estrategias políticas y confidencias.
De las declaraciones en el proceso judicial se ha empezado a configurar la certeza de que lo peor está por llegar y de que no se trata de casos individuales aislados, sino que podría haber financiación ilegal.
En el PSOE no saben el alcance de la información que los procesados revelaran. Prueba de ello es que, de manera inexplicable, la organización no se halla personado como acusación particular en el proceso.
Por otra parte, en la cúpula socialista cruzan los dedos para que los próximos informes de la UCO no impliquen a otros altos cargos socialistas. Queda en el aire la situación de Francina Armengol y de Ángel Víctor Torres, cuestión que agrava el deterioro institucional.
Sánchez está en minoría parlamentaria y cosecha sonoras derrotas en la que los socios de investidura ponen de manifiesto que son pocas las cosas que les unen. El mar de fondo es que Puigdemont da por amortizado al Gobierno y el PNV explora distintas maneras de alejarse del PSOE.
El ambiente en la calle está enrarecido. La percepción de empobrecimiento de la sociedad y la caída de posición económica de las capas medias supone un fracaso de las políticas de un gobierno que lleva 8 años en el poder.
El 1 de mayo intentó ser un día de movilización de la izquierda, pero la pérdida de poder adquisitivo de las rentas medias y bajas y el problema del acceso a la vivienda capitalizaron las reivindicaciones.
Sánchez intentó ponerse al frente de la queja, centrifugando responsabilidades hacia la oposición, pero siendo presidente del Gobierno debería entender que la protesta va dirigida contra él y que las razones de los votantes para darle su apoyo se van extinguiendo.
Alimentar a Vox es la otra estrategia que promociona. Encontrar temas que radicalicen el debate, como el de la inmigración, da terreno de juego a Abascal frente a Feijóo y activa a los electores de izquierda. Desarmar al PP y movilizar a votantes socialistas decepcionados es el objetivo.
Se trata de una variante más efectiva que el miedo a la extrema derecha que se explotó en procesos anteriores. Los rumores apuntan, incluso, a encuentros entre PSOE y Vox en domicilios privados para acordar los asuntos en los que confrontar y que sean más rentables electoralmente para ambos. Si los rumores se confirmasen, sería la puntilla final.












