Los sindicatos arropan a la izquierda andaluza
Jesús Rivasés.- José Díaz Ramos (1895-1942) lo tenía claro y lo decía: «Los sindicatos no son organismos desligados de la política». Casi nadie lo recuerda y, para la inmensa mayoría, es un personaje desconocido. Con raíces anarquistas, fue el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) durante diez años, entre 1932 y 1942. Tras su muerte, al caer o tirarse por una ventana cuando estaba muy enfermo, le sucedió al frente del comunismo español en el exilio Dolores Ibárruri (1895-1989). Casi un siglo después, los sindicatos siguen «ligados» a la política. Es tan evidente como que son actores esenciales en una democracia. Ayer, para celebrar el Día del Trabajo, mostraron su cara más política, apenas maquillada con críticas a la falta de vivienda y demandas de mejores salarios.
El acto central de la celebración, la principal manifestación, se celebró en Málaga, no por casualidad, al inicio de la campaña electoral andaluza y con la presencia, arropados por los líderes sindicales Sordo (CCOO) y Álvarez (UGT), de los candidatos de todos los partidos de izquierda y de extrema izquierda, María Jesús Montero, Antonio Maíllo y José Ignacio García, sin olvidar a Yolanda Díaz, siempre a partir un piñón con CCOO, que no quiso dejar de salir en todo. Sordo ha explicado que todo ha sido una coincidencia porque los sindicatos habían previsto organizar el acto central del 1 de mayo en Málaga antes de que se conociera la fecha de las elecciones. Es una verdad a medias, porque, con un margen no muy grande de fechas, los comicios andaluces tenían que convocarse ahora. Por eso, los sindicalistas, porque no les da igual quién gobierne, en su legítimo derecho, han llevado las celebraciones y protestas a Andalucía, aunque –por supuesto– han dejado a un lado la huelga de médicos contra la política de la ministra Mónica García.
En España, los sindicatos tuvieron un papel esencial en la transición, con una aportación notable para estabilizar las relaciones laborales. Está en su haber y hay que reconocerlo. También pusieron contra las cuerdas, con huelgas generales –unas con más motivos que otras–, a todos los presidentes desde Felipe González hasta Mariano Rajoy, Zapatero incluido. Sánchez, sin embargo, puede ser el primer inquilino de la Moncloa que se salve de la que, hasta ahora, parecía una maldición. Los sindicatos siempre han preferido gobiernos de izquierdas y nunca lo han ocultado, pero quizá nunca como ahora han cerrado tanto filas con el Gobierno y lo apoyen con tanto entusiasmo, quizá porque «no son organismos desligados de la política», como decía sin complejos José Díaz Ramos.











