Derecha con ventaja… y empeñada en estropearla
Fernando Villena.– Hay que reconocerlo: lo difícil no es llegar con opciones reales de gobernar, lo verdaderamente complicado es arruinar esa oportunidad cuando todo sopla a favor. Y en ese arte, la relación entre el Partido Popular y Vox empieza a ser digna de estudio.
Con un Gobierno de Pedro Sánchez desgastado por el paso del tiempo, las tensiones territoriales y el cansancio de parte del electorado, la derecha tenía el terreno preparado para presentarse como alternativa. No perfecta, pero sí plausible. No ilusionante para todos, pero sí suficientemente sólida como para atraer voto prestado. Y, sin embargo, ha decidido complicarlo todo.
En lugar de proyectar una imagen de coordinación, PP y Vox parecen competir por ver quién incomoda más al otro. Donde debería haber estrategia, hay impulsos. Donde debería haber cálculo político, hay gestos de cara a la galería. Y donde debería haber una narrativa de gobierno, hay un ruido constante que transmite justo lo contrario: que no están listos.
El votante no es ingenuo. Puede estar enfadado con el Partido Socialista Obrero Español, incluso cansado. Pero entre lo malo conocido y lo imprevisible por conocer, muchas veces elige lo primero. Y ahí es donde la derecha se dispara en el pie: convierte una alternativa posible en una incógnita inquietante.
Porque el problema no es ideológico, es de confianza. Gobernar exige acuerdos, estabilidad y cierta disciplina. Y si lo que se muestra antes de llegar al poder es una colección de desacuerdos públicos, pulsos innecesarios y mensajes contradictorios, la conclusión es inevitable: si así actúan sin gobernar, ¿qué pasará cuando tengan que hacerlo?
La ironía es casi cruel. Mientras más insiste la derecha en marcar perfil y diferenciarse internamente, más refuerza el bloque contrario. Cada desencuentro es un argumento para movilizar al votante socialista. Cada choque innecesario es un recordatorio de que, quizá, quedarse como está no es tan mala opción.
No se trata de que PP y Vox piensen igual. Se trata de que entiendan el momento político. Porque las mayorías no se construyen desde la fricción constante, sino desde la percepción de que hay un rumbo común. Y ahora mismo, lo que transmiten es exactamente lo contrario.
La derecha española tiene una oportunidad real de relevo. Pero si continúa gestionándola con esta mezcla de torpeza, ansiedad y cortoplacismo, acabará logrando algo notable: resucitar electoralmente a un adversario que ya mostraba signos de desgaste.
A veces no hace falta que te derroten. Basta con que te equivoques lo suficiente.











