Hay muertos que molestan

Captura de pantalla de la búsqueda de evidencias que puedan servir para la identificación de víctimas e investigación del accidente ferroviario en Adamuz.
Ana Samboal.- Hay muertos incómodos. Para desgracia de los que les lloran, son los que se dejaron la vida en Adamuz. Su memoria parece molestar a un gobierno que cataloga las tragedias humanas sólo en función del rédito político que pueda obtener de ellas.
El accidente de tren no cayó del cielo, como el agua en Valencia. Fue fruto de errores humanos en el mejor de los casos. En el peor, consecuencia de una garrafal negligencia. Ya sabemos que en Transportes se conocían al dedillo los catálogos de los servicios de alterne y las mil maneras de asegurarse la vida con dinero público, pero no parece que hubieran visto una vía de cerca en toda la legislatura. El único fin en ese ministerio era hacer caja y las personas que murieron en el tren son la prueba palpable de su proceder. Por eso les incomodan, por eso las colocan tras una valla, lejos de las puertas en del Congreso.
Ayer, en la carrera de San Jerónimo, se retrató como pocas veces lo ha hecho en esta legislatura, y ha habido ocasiones para hacer un libro, la indignidad e inmoralidad de este gobierno. Las víctimas de la dana, recibidas en el patio de acceso al hemiciclo por dos ministros. El mismo día y a la misma hora, las víctimas de Adamuz, apartadas, sin acceso, más cerca de la fuente de Neptuno que de los diputados a quienes les corresponde representarlas, a quienes han pagado el salario con su trabajo.
No hace falta hilar muy fino. Humanamente, no es que unas sean más que otras. A quien se comporta de ese modo no suele removerle las vísceras nada más que el interés por su propio futuro político. Pero unas pueden ayudar a arañar votos. O eso debe creer Diana Morant. Y las otras los restan, porque su mirada deja al desnudo el retrato más fiel de este gobierno. Solo rige una consignación tras los falsos feminismo, humanitarismos y pancartas: todo por la pasta.











