De contable de prostíbulo a tetraimputada
Jano García.- El juez Peinado ha procesado por cuatro delitos a la mujer del presidente del Gobierno. Se le acusa de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida. Eso sí, se ha librado de ser procesada por intrusismo profesional. El juez Peinado considera que los indicios de este último son endebles. Para comenzar una andadura penal no está nada mal, pues tener a la mujer del presidente del Gobierno procesada por cuatro delitos sólo es posible si eres de la PSOE.
Acto seguido salió Félix Bolaños, ministro de Justicia, para cargar contra el juez Peinado afirmando: «Ha avergonzado a muchos ciudadanos de nuestro país y también a muchos jueces y magistrados. Creo que el daño que se ha hecho al buen nombre de la justicia es un daño que seguramente en muchos aspectos será irreparable».
Esta frase pronunciada por, nada más y nada menos, el ministro de Justicia debería suponer un gran escándalo en la sociedad. No lo ha hecho. La sociedad española está anestesiada y cree que el gran peligro para España es Trump. Además, no conviene olvidarnos de que ‘la Ley Bolaños’ no ha sido aprobada porque Junts teme que se le vuelva en contra si hay cambio de gobierno. De no ser así, España habría aprobado una reforma judicial que habría exterminado la independencia de los jueces y fiscales.
Pero más allá de los ataques a la justicia y a la independencia judicial, el Gobierno insiste –me temo que con buen criterio– en tomar por subnormales a los españoles. Supongamos que uno no sabe nada del caso Begoña y sólo sabe que le ha financiado Google, Indra y Telefónica. A ello hay que sumarle que otras empresas y universidades le montan cátedras y másteres. Uno, haciendo uso de la lógica, pensaría que la mujer del presidente del Gobierno es un prodigio de la naturaleza. ¡Una mente extraordinaria que los españoles tienen la suerte de poder disfrutar!
Pues no. No sabemos cuál será la sentencia, pero no hace falta para saber que Begoña Gómez es una calamidad. Una acomplejada que no quería poner en su CV que era la contable de los prostíbulos de papá y, por eso, quiso jugar a ser catedrática. Basta con escucharla unos minutos para comprender a la perfección qué nivel intelectual tiene Begoña Gómez. La lógica, de nuevo, se impone y, salvo que uno sea idiota, sabe a la perfección que sólo a través de los chanchullos por ser la mujer de Pedro Sánchez una boba solemne como Begoña puede acabar cobrando de Google.












