Excelente faena de gran altura al natural de Talavante
La cuadrilla del Búcaro.- La tarde llevaba camino de bronca y pañuelos verdes, pero la nobleza muletera del cuarto Cuvillo, salvo el desastre.
Los Nuñez del Cuvillo, muy desiguales de presentación, segundo y tercero impropios de Madrid, tuvieron descastados y frágiles comportamientos, justos de fuerza, sosos y nobles sin transmisión, se fueron sin picar en las caballerías.
El cuarto, se desplazó y tuvo fondo nobilísimo en la muleta, premiado con una excesiva vuelta al ruedo; no se puede honrar con ese reconocimiento a un toro que no fue picado. La bravura es otra cosa, o al menos eso me enseñaron. El quinto tuvo un potable pitón derecho y el lote de Barroso dejó expresarse al joven confirmante.
Talavante, que pasó sin pena ni gloria en el impresentable segundo, sorteó el premio gordo con el cuarto, cuajando una excelente faena de gran altura al natural. Trasteo largo y sostenido en interés, por momentos relajado y a placer, que remató con una eficaz espada desprendida. Un buen Talavante, sin duda. Dos orejas.
Juan Ortega tendrá que pensar. El tercero no servía, pero el quinto tuvo un pitón derecho excelente que no acabó de entender, en una faena que no cogió vuelo. Dejó detalles pero aquello merecía más.
Tristán Barroso, que confirmaba alternativa, sorteó un lote medio, que le dejó presentar sus credenciales de torero firme, preparado, con buen concepto y valor sereno. En su primero tuvo un trasteo de buen trazo, pero no le hicieron mucho caso. Le soltaron dos avisos tras largo trasteo. Y con el más incierto sexto, Barroso se la jugó, con cogida incluida, dejando series arrebatadas y valerosas, de gran entrega, ambición y oficio bien aprendido. La espada le privó de una oreja de mucho mérito. Quedan ganas de volver a verlo.
A los Cuvillos, que a veces dudo si son toros o novillos, les salvó la campana, pero la ganadería no está para tirar cohetes, aunque el cuarto sirva para que sigan apuntándose las figuras. Y el palco, la primera en el morro, vuelta al ruedo a un toro sin picar. En todas partes cuecen habas. Empieza San Isidro.











