No conocerás la muerte
Fraguas.- Esta Semana Santa, amado lector, si es usted católico, es posiblemente la más importante de su vida. Y si no lo es, intentaré que así lo sienta; pues tan importante es la realidad como la sensación. Y cuando la sensación es noble, buena y piadosa, nos acerca más a Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Amor, entre millones de títulos que merece y sustenta, naturalmente.
Si no es acostumbrado a leer las Sagradas Escrituras, le hablaré de un aspecto mitológico. Si cabe en el Antiguo testamento esa palabra; pues todas ellas son Palabra.
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Es una perspectiva temporal olvidada por la Iglesia; pero más que esperanzadora.
Verá usted. La Biblia está dividida en tres grandes tiempos. Algunos de ellos los conocemos por la nostalgia de la infancia, cuando el sacerdote nos contaba las grandes historias o incluso por el cine épico de Charlton Heston, Dios tenga en su gloria y lo recompense por su evangelio. Otro tiempo los conocemos por el estudio y el último por vivirlo o por la esperanza de vivirlo.
Le explico para que sienta esta Semana Santa más que ninguna otra.
Los tiempos bíblicos son tres:
Tiempo del Caos. Desde Adán hasta Abraham. En ese tiempo la humanidad da palos de ciego. Se entrega a dioses menores y no termina de creer en la mano todopoderosa del Creador. La humanidad tiene hambre de fe. Demanda la saciedad espiritual que no posee. Sed de fe.
El Tiempo de la Torá. Desde Abraham hasta el inicio de la Predicación de Nuestro Señor. En esa época, Melquisedec bendice a Abraham con Pan Y Vino. Estableciendo la Primera Alianza entre Él, Él único, y la nación que Abraham construirá.
Dos mil años de caos, dos mil años más del pueblo elegido.
Y nuestro tiempo, el tiempo del Mesías. Desde la Predicación, muerte y Resurrección de Nuestro Señor, autor de la Renovación de la Alianza mediante el Pan y el vino. Poco he de explicarle, amado lector, que usted no sepa.
Con esa exactitud temporal, este año termina el tiempo del Mesías. La última Semana Santa sin un sentido de esperanza próxima a la promesa dada. Recuerde que Jesús nació en el Año menos cuatro. Por lo tanto, esta primavera hace exactamente dos mil años del comienzo de su Ministerio.
Si esa medición es cierta, y Dios nunca engaña, hoy estamos en el juego perverso que Satán confecciona para los últimos tiempos. Tiempos que podrán ser difíciles e incluso dramáticos; pero que serán vencidos por el bien a favor de la Gloria del Altísimo.
Si desea que sea más contundente y esperanzador, puede que tenga usted la suerte de vivir en el tiempo de la Segunda Venida del Mesías y por tanto ser miembro de la única generación de hombres que no conocerá la muerte.
Ave María Purísima.











