A la memoria de Noelia
Rocío Pérez Vicioso.- Querida Noelia:
Hoy escribo con el corazón en la mano, intentando poner palabras a un vacío que no entiende de tiempo ni de razones. Tu ausencia pesa, pero tu recuerdo vive con una fuerza que nadie podrá apagar. Hay personas que pasan por la vida, y hay otras, como tú, que dejan huella en el alma.
Recordaré siempre tu capacidad de resistir, de seguir adelante incluso cuando el dolor parecía querer ocuparlo todo.
Hoy, al evocarte, no puedo evitar pensar en lo frágil que es la vida, pero también en lo profundamente valiosa que es, incluso en sus momentos más difíciles. Porque la vida no es solo la ausencia de sufrimiento, sino también la presencia de amor, de vínculos, de esperanza, aunque a veces se esconda.
Por eso duele aún más imaginar un país en el que, en lugar de acompañar, sostener y cuidar, se ofrezca como respuesta final el silencio definitivo. La eutanasia se presenta a veces como un acto de compasión, pero en el fondo encierra una renuncia: la renuncia a luchar juntos, a aliviar el dolor sin eliminar a quien lo sufre, a recordar que cada vida tiene dignidad hasta el último instante.
La eutanasia puede parecer, en ciertos momentos, una salida al sufrimiento. Pero también es una puerta que se cierra para siempre, que no deja espacio a lo inesperado, a un alivio que pueda llegar, a una sonrisa que aún no ha sucedido, a un abrazo que todavía no has recibido. La vida no es solo lo que duele hoy, sino todo lo que aún puede cambiar mañana.
Por eso, Noelia, tú merecías, como cualquier persona, la protección del Estado que no te dieron, haber sentido que tu existencia importaba mucho más que preservar la identidad de tus violadores. Mereciste manos que no soltaran, voces que no se apagaran, presencia constante en cada instante difícil. Porque el valor de una vida no disminuye con el dolor; al contrario, nos llama a los demás a ser más humanos, más cercanos, más comprometidos.
Defender la vida no es ignorar el sufrimiento, sino enfrentarlo con más cuidado, más recursos, más humanidad. Es apostar por los cuidados paliativos, por el acompañamiento real, por no dejar a nadie solo en sus momentos más vulnerables. Es entender que la verdadera compasión no elimina, sino que abraza.
Noelia, tu memoria nos interpela. Nos recuerda que cada vida es única, irrepetible, y que incluso en medio de la fragilidad hay una belleza que merece ser protegida. Que nadie debería sentirse una carga, ni pensar que su existencia ha perdido sentido.
Hoy te lloro, pero también te agradezco. Gracias por lo que fuiste y lo que sembraste en todos nosotros. Prometo honrar tu memoria defendiendo siempre la vida, recordando que incluso en el dolor más profundo, hay espacio para el amor.
Descansa en paz, Noelia. Aquí, en quienes terminamos queriéndote, sigues viva.
*Portavoz municipal del PP en Casarrubios del Monte











