Cuba y esta broma de la «ultraderecha»
Edurne Uriarte.- Cuba es el enésimo ejemplo, pero es poderoso, es brutal. Para poner de manifiesto el disparate de que la propaganda sobre la amenaza «ultraderechista» sigue desplegándose mientras la amenaza real, la de la ultraizquierda, ni siquiera tiene nombre. Porque, oficialmente la ultraizquierda no existe. Existe la izquierda a secas, el progresismo que lucha por la justicia en el mundo. Cuando el progresismo real lo que está haciendo es una nueva campaña para sostener la dictadura comunista cubana.
Ultra en política debería servir para esto, para designar a quienes sostienen una dictadura. Y hasta organizan una flotilla para apoyar a los dictadores, una flotilla que llaman «Nuestra América, convoy a Cuba». La lidera la Internacional Progresista, con el apoyo, entre otros, de Pablo Iglesias, Greta Thunberg, Ada Colau, el laborista Jeremy Corbyn, o el ala más izquierdista del Partido Demócrata americano, con Bernie Sanders a la cabeza. Y con la complacencia del resto de socialistas que se encargarán de cubrirlos material y argumentalmente. Por el momento, los socialistas españoles no han mostrado incomodidad alguna con las manifestaciones a favor de la dictadura de los dirigentes de Podemos y de Sumar; todo lo contrario.
Esto está ocurriendo desde hace más de 60 años, desde el inicio de la dictadura cubana, que ha contado con el apoyo entusiasta de la izquierda mundial. Es bien conocida la historia de tantos propagandistas como Sartre o Simone de Beauvoir, populares y venerados precisamente por ello. Lo extraordinario es que se haya prolongado hasta nuestros días, mientras intelectuales y políticos occidentales nos dicen que existe una amenaza ultraderechista. En mi próximo libro relato, por ejemplo, cómo fue tratada la muerte del dictador Fidel Castro en 2016 por la prensa occidental, como si hubiera desaparecido un héroe y no un represor, y antes y después, la habitual demonización del exilio cubano, empezando por el exilio en Estados Unidos.
Ahora, los propagandistas utilizan de coartada a Trump para continuar sosteniendo la dictadura, como si el brutal fracaso social y económico del régimen fuera culpa de Trump y no del comunismo. O como si las cifras de pobreza y colapso del régimen no fueran anteriores al fin de la colaboración de la dictadura chavista. Un colapso que explica la huida de un millón de cubanos de la isla entre 2022 y 2024. Lo anterior destroza la repetida mentira de los supuestos logros sociales del comunismo, pero también pone de relieve lo execrable de que esa mentira haya servido para justificar el régimen totalitario en nombre de una supuesta justicia social.
Los propagandistas de la dictadura tienen el cuajo de proclamar que lo que hacen es apoyar al pueblo cubano, exactamente la misma retórica que hace 60 años, la que usan los represores comunistas, y con la izquierda española en primera línea de defensa. Ahora que el totalitarismo castrista parece por fin cerca de caer, la izquierda de los países democráticos quiere sostenerlo y prolongarlo. Es la realidad de la verdadera amenaza ultra en el seno de las democracias.












