¿Sí o no a la guerra en un país sin conciencia nacional?
No es la primera vez que Ares ha tentado a España para entrar en el juego que más le gusta. Este gobierno no es el primero que se ha visto ante la decisión de nadar en aguas de conflicto bélico internacional; pero sí es la primera vez que un ejecutivo se encuentra sin la energía de una conciencia nacional que le aporte impulso y dirección en un sentido pragmático para la supervivencia de la nación, las cosas del comer.
Desde el veneno del 31 y especialmente desde el nefasto 78 España se ha rendido a los beneficios fáciles de las ideologías. Las ansias de poder de los partidos han polarizado a la sociedad civil hasta tales extremos que la idiosincrasia española ya es leyenda, camino del mito. Las nuevas generaciones no saben como era un español de hace 50 años, no conoce sus valores y cuando se lo cuentas, ríen.
Eso ha partido a España en dos conciencias una patriótica y servil; y otra diluida, laxa y sin valores.
Ninguna de estas son esencias verdaderas de la piel de toro, ambas son incompletas. Lo que hace que ningún gobierno tenga la capacidad de tomar una decisión y ser leal con la población. Nunca el estado ha sido tan desleal con su propia gente. Y lo peor, siempre traicionará a la sociedad civil porque el pegamento de la lealtad no tiene el catalizador de lo natural y de lo racional que una Nacion-Estado necesita para afrontar el futuro.
Ver al gobierno de Sánchez enfrentarse al dilema de la guerra de Irán, demuestra perfectamente sus palos de ciego y su posición perdida.
¿Cuál hubiera sido la postura correcta de un gobierno leal? Pues bien, siendo consciente de la realidad de la polarización política, el primer paso sería la creación de un gabinete de crisis en conjunto con la oposición que colegiaran las decisiones. Es la mejor forma de consensuar esa conciencia nacional rota.
Y ahora, a partir de aquí, el análisis racional que avoque la dirección del país al bando correcto o a la neutralidad.
España siempre ha sido neutral en las grandes guerras y esa es la postura que nuestra cordura nos manda.
Les deseamos lo mejor a EEUU, las cuitas de Israel son cosa de ellos y el mundo persa como que lo dejamos para las novelas. Qué les vaya bien a todos.
¿Qué teme España? La escasez de petróleo que, como les pasa a todos, es el fluido vital de nuestra economía; por tanto el pan de los españoles. Para que este siga su curso habitual España debe exigir a Irán que respete el tránsito de los petroleros nacionales por el estrecho de Ormuz. La respuesta posicionará a España en la neutralidad o en el apoyo al bando sionista; pero ya no será por afinidad ideológica, sino porque Irán amenaza la supervivencia de nuestra sociedad dañando conscientemente la tranquilidad, la economía, provocando la escasez, la necesidad y el conflicto en nuestra forma de vida. Si la permisión viene condicionada por la premisa de expulsión de los embajadores de EEUU e Israel no cambia nada; pues es una injerencia en nuestra soberanía y descubre el uso de nuestras necesidades para solucionar sus conflictos. Eso nos posiciona en un bando concreto, el occidental.
Nadie quiere la guerra; pero lo que nadie quiere es la escasez y la necesidad. La neutralidad, en este caso, si no evita la crisis a España, es evidente que la alarga.
La siguientes acciones son económicas. El estado debe garantizar los costosos seguros de los barcos y las rebajas de impuestos sobre el crudo. No es infalible, claro; pero no se me ocurre una actuación mejor de, al menos, deshinchar el panorama encendido que habremos de vivir aquí cuando las decisiones ideológicas implosionen en una piel de toro con una crisis tres veces mayor que la del ladrillo.
El no a la guerra o el sí por afinidad ideológica posiciona al gobierno en una actitud pueril o servil. Ninguna es acertada si no se sopesa mirando el plato de quienes miramos las noticias con el velo de la incertidumbre.
La guerra no es buena ni evitable. La guerra es la continuación de la política (no confundir con ideología) cuando esta deja de funcionar. Mira quien impide tu acción política y has descubierto a tu enemigo.
Ave María Purísima.











