El régimen iraní se convierte en el principal factor de riesgo para la economía china
Gabriela Moreno.- Después de que Irán figurara como uno de los socios clave de China para garantizar su seguridad energética e impulsar su influencia diplomática en Medio Oriente, hoy el vínculo con Teherán comienza a convertirse en un problema para las perspectivas de crecimiento del país asiático en 2026. ¿La razón? Está en riesgo el suministro de petróleo que recibe desde Teherán con un descuento de hasta 10 dólares por cada barril, a causa de la guerra que se ha desatado contra el régimen de los ayatolas.
El régimen de Xi Jinping ya sacó la cuenta de ese impacto sobre Pekín. La mejor evidencia es el anuncio de una meta de crecimiento que oscila entre 4,5 % y 5 %, el rango más bajo desde 1991. Según el primer ministro Li Qiang, la prioridad este año la prioridad este año es realizar ajustes estructurales, antes de un impulso agresivo a la actividad.
Sin embargo, detrás de su narrativa hay una realidad: Irán despacha 1,38 millones de barriles diarios a China. La cifra representa el 13,8 % de los 10,27 millones que importa China a través de flotas fantasmas que evaden las sanciones impuestas por Estados Unidos mediante el reetiquetado del crudo.
Negocios en suspenso
Ese negocio petrolero está en suspenso para ambas partes, que transan sus pagos en el Sistema Internacional de Pagos de China (CIPS), que le permite a Irán utilizar sus ingresos para comprar productos chinos, al ser el RMB una moneda de convertibilidad limitada.
Proyectar un crecimiento a la baja es un trago amargo para China, ante la incertidumbre que rodea ahora la construcción del Corredor Económico China-Pakistán, que permitiría a China evitar el estrecho de Malaca y el estrecho de Ormuz para recibir petróleo iraní en el Puerto de Gwadar.
Los bombardeos paralizan ese plan que incluye la extensión del oleoducto Irán-Pakistán y/o el terminal petrolero iraní de Jask, a solo 200 kilómetros de Gwadar. Xi no puede evitarlo. Tampoco tiene garantías sobre el futuro de la Asociación Estratégica Integral de 25 años con Irán, firmada por 400.000 millones de dólares en inversiones. Ese acuerdo facilitó la membresía plena de Teherán en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en 2023 y su ingreso en los BRICS el año pasado.
El comodín de China
Frente al panorama, Xi apuesta por la sostenibilidad del crecimiento. La variable es prioridad, asegura la analista de Moody’s Analytics, Sarah Tan, e insiste en que China entra en una etapa de expansión más lenta. A ello atribuye la fijación de un déficit fiscal equivalente al 4 % del PIB, un techo de inflación del 2 % y una tasa de desempleo de 5,5 %.
China tiene un comodín para intentar cumplir con la proyección de crecimiento que estimó en 2026: cuidar la dependencia de las importaciones de productos chinos que registran las naciones de Medio Oriente y Suramérica que empujan a los indicadores de inversiones, empleo y actualización tecnológica de los países receptores de sus mercaderías e insumos. Con ello, además sostendría la influencia diplomática que impulsa a cambio de negocios.
Prudencia estratégica
Mantener la prudencia en medio del conflicto será clave para las arcas de Pekín e incluso para sus intereses geopolíticos considerando que si los bombardeos de Estados Unidos doblegan a corto plazo al régimen iraní, podría gestionar ante Washington una compensación por su moderación. ¿Cuál? Es una flexibilización de Trump con respecto a su pretensión de reunificación con Taipéi.
Cada día que transcurre define los pasos de Xi, quien el próximo 31 de marzo recibirá al mandatario estadounidense en el gigante asiático. Ya Trump anunció la postergación de la venta de armas a Taiwán por 13.000 millones de dólares. Las primeras señales de empatía están a la vista.











