La estrategia de Pedro Sánchez del espectáculo populista del “no a la guerra” ante un posible adelanto electoral
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desempolvado el espectáculo populista del “no a la guerra” para movilizar a los suyos con un posible ojo puesto en una convocatoria electoral anticipada, una estrategia que tiene un recorrido corto y busca principalmente despistar al votante de la situación personal y política de su gobierno.
Este movimiento es populismo, una tea ardiendo, un papel que arde, pero que se consume enseguida.
Eta estrategia solo sirve si esto acelera los planes de una convocatoria electoral y si los números, los de verdad, no los del CIS, le dieran la posibilidad. El objetivo es movilizar a la parroquia que se está absteniendo en las urnas.
Ayer Sánchez, ni siquiera hizo el esfuerzo de disimularlo. No a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos, de bombas, y, finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición del gobierno de España se resume en 4 palabras: “No a la guerra”.
La escenificación fue completada en un acto posterior por el Día de la Mujer, donde la ministra Ana Redondo lo dio todo para recuperar los cánticos vintage: “Gracias, presidente, por tu compromiso feminista, que hoy nos llena de orgullo, porque es un compromiso con la paz, con el no a la guerra y con todos los valores y derechos humanos que nos hacen dignos. Te lo agradecemos muy especialmente”.
Este “pacifismo de boquilla” como algo común a la tradición de la izquierda, antisemita, antioccidental, no digamos antinorteamericana.
Se trata de un discurso permanentemente adolescente elaborado exclusivamente en función del interés personal de Sánchez y a la búsqueda del progre fanático, que aunque le pueda ir bien a él, a la economía y a la seguridad de España le hace un agujero.
Para referirnos a las contradicciones del Gobierno tenemos que evocar la “guerra de Gila”. Recordemos el “paripé” de anunciar que no se venderían más armas a Israel mientras, bajo cuerda, le seguimos comprando componentes tecnológicos de uso militar.
La controversia se extiende a la relación con Estados Unidos. Mientras el Pentágono y la Casa Blanca afirman que España está colaborando, el ministro “Napoleón Chu Álvarez” lo niega. Todo podría nacer de una reunión de Margarita Robles con la embajadora estadounidense, tras la cual Washington dio por hecho una colaboración que miembros del Gobierno desmienten.
La Casa Blanca y al Pentágono, y ambas fuentes se reafirman en que España ha rectificado, es decir, que lo que dice el ministro “es mentira”. Ante la duda de quién miente, sólo basta que nos tengamos a la naturaleza moral de Sánchez como la de un mentiroso compulsivo que no dice la verdad ni aunque le convenga. Nos preguntamos si el aterrizaje de un avión militar estadounidense C-17 en Rota es colaborar o no es colaborar.
También es necesario advertir sobre las posibles represalias de Washington. Aunque vemos difícil embargos comerciales generales por la pertenencia de España a la UE, sí consideramos que EE. UU. nos puede causar daños en materia de seguridad y componentes tecnológicos. El mayor riesgo está en el precio del gas, ya que Estados Unidos suministra cerca del 30 ó 40 por ciento del gas que España necesita para fabricar electricidad.











