Desde la eternidad que empieza
Ignacio Pozo.- A mi amado, para hacer llegar a mis amigos, y familia … Os hablo desde este azul que no tiene límites, donde el dolor ya no me duele y la paz es un suave abrazo constante.
Aquí he llegado, llevado por el amor que siempre me diste en vida, y empujado por la fe con la que supistes despedirme. No imaginé que mi ausencia pudiera ser tan acompañada.
Cada palabra, cada lágrima, cada recuerdo, cada gesto de cariño que has dedicado a los míos y a mi memoria, me han seguido hasta este rincón del cielo donde todo se ve con otra luz. No solo te siento en esas gregorianas diarias en torno a la Cruz de San Damián, sino también en cada flor, en cada abrazo compartido, en cada silencio cargado de ternura, cariño y amor. Gracias. No hay palabra más honda.
Gracias por estar, por llorarme con dignidad, por recordarme con alegría. Gracias por haberme hecho sentir tan profundamente querida. Me fui, sí… pero me llevé el equipaje más valioso: el amor que sembré y el que coseché, incluso veo, desde mi otra vida, rostros que nunca llegué a conocer y hoy me lloráis y sentís cercano.
Seguid viviendo con alegría. No me lloréis en exceso: brindad, soñad, luchad, amad. Y cuando el cielo esté especialmente azul, pensad que quizá, sólo quizá, soy yo sonriéndoos desde esta altura. Con todo mi corazón, desde la eternidad que empieza, con un abrazo. Hoy, tercera semana.
*Abogado y colaborador de AD











