Las vidas que el narcotráfico ha quitado a la Guardia Civil en Andalucía: Fermín, Agustín, David, Miguel Ángel, Germán y Jerónimo
Una lancha semirrígida y la H60 de la Guardia Civil llamada Río Antas salieron a patrullar este viernes en aguas del Atlánco. Eran las 8 de la mañana cuando comenzó el servicio. Poco después comenzó una intervención a una distancia comprendida entre 60 y 80 millas de la costa de Huelva, en aguas comprendidas entre Punta Umbría y Mazagón, contra una narcolancha. Las dos naves del Instituto Armado se vieron involucradas en un accidente. Un agente murió en el acto: su nombre era Germán, “un tipo excepcional”, según sus compañeros. Otros dos quedaron en estado grave. Uno de ellos era el capitán del Servicio Marítimo, Jerónimo, que ya había sufrido otro accidente persiguiendo a una goma y en este finalmente perdió la vida.
El accidente no era, en palabras de la AUGC, “un imprevisto”. Jucil ponía palabras similares sobre la mesa: “Esta tragedia no es un hecho aislado ni imprevisible”. Fuentes de la Benemérita consultadas en la tarde de este viernes por este periódico insistían en ese mismo mensaje: “Esto ya se advirtió en 2017”. Es decir, hace diez años que los agentes del Instituto Armado están levantando la mano por unos sucesos que se han convertido prácticamente en rutina.
La lucha contra el narcotráfico se ha cobrado la vida de 6 guardias civiles en la última década, siendo las dos últimas las de Germán y Jerónimo. Además, a estas hay que sumarles al menos la de un GNR portugués en aguas del Guadiana, la de un Policía Local en la Línea y la de un observador marítimo del helicóptero de Vigilancia Aduanera a la altura de San Roque. Es decir, la cifra total casi alcanza la decena de fallecidos contando solo a los agentes. Si le sumamos las muertes de narcotraficantes, el número de vidas que se ha llevado el narcotráfico en las costas andaluzas supera la docena.
Los muertos no solo se contabilizan en el mar. De hecho, son los últimos. Germán y Jerónimo serían los segundos de una lista negra que iniciaron los agentes asesinados en Barbate en 2024. Las muertes en la carretera comenzaron mucho antes. La primera fue la de Fermín Cabezas (30 de mayo de 2019), de la comandancia de Algeciras, mientras perseguía a un narcotraficante a 200 kilómetros por hora con su moto a la altura de Los Barrios. Agustín Cárdenas fue atropellado a la entrada de Jerez por un coche lanzadera el 28 de mayo de 2021. El conductor, un joven de 22 años, dio positivo en cocaína.
El caso de David y Miguel Ángel es el más grave que se recuerda. Aquella noche de febrero de 2024, los agentes trataron de ahuyentar a las narcolanchas que se refugiaban del temporal en el puerto de Barbate. Una narcolancha con cuatro tripulantes fue a por ellos y les asesinó. El caso aún está en instrucción a la espera de juicio.
Todas las muertes hasta el momento se habían dado en la provincia de Cádiz. Sin embargo, la presión ejercida por los agentes en el Estrecho de Gibraltar hizo hace ya un tiempo que el flujo del narcotráfico desplazara sus rutas hasta zonas más al noroeste como Sanlúcar o Huelva. La muerte de Germán y de Jerónimo son las primeras de dos agentes españoles en la provincia onubense, donde en octubre del pasado año ya perdió la vida un GNR portugués.
Más narcotraficantes y cada vez más jóvenes
Las muertes son la consecuencia más grave de la lucha contra el narcotráfico en los agentes, pero no la única: también están las bajas causadas por choques o encallamientos. Como este periódico ya ha puesto de relieve, uno de los guardias civiles fallecidos ya sufrió un accidente persiguiendo una narcolancha a principios de enero de 2025. Se rompió cinco costillas.
No es el único. Rafael Sánchez, miembro del Servicio Marítimo de la Guardia Civil en Cádiz, narró a El Correo de Andalucía hace un año su pesadilla cuando una narcolancha le embistió a 130 kilómetros por hora. “Salimos literalmente volando, tanto yo como mis compañeros”, explicaba. Le desplazó la vértebra L5-S1 y le provocó un pinzamiento en el nervio ciático. Fuentes del Instituto Armado en conversación con este medio han asegurado que muchos choques se producen por la escasa destreza de los pilotos a los mandos de las planeadoras. “Cada vez son más y los hay más jóvenes”, señala esta fuente.












