Historia de un régimen recién fenecido
¿Puede darse por fenecido el régimen conformado por la Constitución del 78? Casi nadie lo ve así, como si todo siguiera sin ambios de fondo. Es normal, pues rara vez percibimos el sentido y consecuencias de lo que ocurre ante nestros ojos: casi siempre lo vamos entendiendo más tarde, o mucho más tarde. Pero la amnistía de 2024 anula aquella Constitución al declarar legítimo el golpismo separatista, al anular su delito y romper el fundamental artículo 2, que garantiza “la indisoluble unidad de la Nación española”. El régimen ha muerto por suicidio, y no es la primera vez: algo semejante ocurrió en 193o-31 con la monarquía liberal de la Restauración.
Pero antes de llegar a ese extremo han transcurrido 46 años, y es hora de abordar la historia de este régimen, el sexto vivido por España en el siglo XX y lo que va del XXI, y el más prolongado después del de la Restauración (1876-1923). Intentaré aquí un esbozo que permita cierta orientación en el cúmulo de sucesos y detalles a menudo contradictorios, que pueblan este largo período.
1) El primer problema del régimen fue el de la continuidad-ruptura con el franquismo. La facilidad con que este fue desmantelado en el aspecto político-administrativo revela que ya sufría una profunda crisis, arrastrada desde el concilio Vaticano II y agravada por presiones del entorno europeo y useño. Muchos esperaban o temían una caída violenta, por un golpe militar o revolucionario al estilo del ocurrido en Portugal, pero no ocurrió nada así, y ello se debió a un triple rasgo del franquismo, generalmente: a) Careció de oposición democrática, b) Los viejos odios de la república y el frente popular estaban olvidados para la inmensa mayoría en una sociedad próspera. c) Precisamente por ello, la oposición era muy débil (el terrorismo expresaba esa debilidad, a su modo). En consecuencia, la transición a un nuevo régimen se hizo siguiendo las previsiones del propio franquismo, en las que la monarquía tenía un peso de la mayo relevancia como símbolo de la continuidad histórica de la nación.
2) El tránsito a la democracia fue dirigido en primera instancia por Torcuato Fernández-Miranda, hombre culto, con sentido del estado y de la historia, consciente de que el nuevo régimen debía mantener una básica continuidad y evitar nuevas convulsiones, salvaguardando la legitimidad histórica y el espíritu del franquismo: fundamentalmente la unidad nacional y la cultura de raíz cristiana, en cuya defensa se había librado una guerra civil que no debía haber sucedido en balde. Ese programa fue apoyado por gran mayoría popular en el referéndum de diciembre de 1936: democracia desde, y no contra el franquismo.
5. Por desgracia, el proceso cayó enseguida en manos de Juan Carlos y Suárez, dos personajes frívolos, incultos y oportunistas, que emprendieron un proceso político en que la farsa y el olvido de la historia desempeñaron un papel excesivo. Un resultado sería la Constitución del 78, cuyo segundo artículo antes citado debilita la unidad nacional al añadirle “el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran”. El concepto de “nacionalidades” no va ligado histórica y conceptualmente a la autonomía, sino a la autodeterminación, a la secesión, y niega solapadamente a España como nación, insinuándola como algo similar al Imperio austrohúngaro o al ruso. Izquierda y separatistas pudieron introducir el concepto, que Torcuato y otros vieron como una bomba de relojería, por la mencionada incultura y frivolidad de la mayoría de los políticos de derecha salidos del franquismo, y por la influencia democristiana en ellos: los líderes separatistas eran también democristianos.
6. La Constitución tiene otros defectos serios, aunque este es el principal: resultó una Constitución ambigua, y no es de extrañar que desde el principio fuera muy vulnerada y finalmente anulada por movimientos ligados a aquellas concepciones histórico-políticas que desde el principio enturbiaron su aplicación. Sin embargo, el proceso hasta la amnistía golpista ha sido muy complicado. Las deficiencias de la transición, en parte explicables por la novedad del proyecto, pudieron haberse corregido, pero más bien se fueron agravando. Hasta que el 20 de noviembre de 2002, aniversario de la muerte de Franco, el PP hizo imposible la corrección, y el régimen entró en involución hasta el golpe definitivo.











