Ciudades y establos de 15 minutos
Alfonso De la Vega.- Es sabido que todo sistema de cualquier naturaleza que sea ha de contar con un límite, membrana o frontera que separe un extramuros o entorno exterior de su intramuros con cierta organización que permita crear orden dentro mediante algún tipo de funcionamiento o metabolismo. No me voy a referir a este tipo de límites o de fronteras, paradójicamente hoy ninguneadas o descuidadas por el Poder, las del enemigo del Sur evidencian ser un coladero, mientras se establecen otras absurdas o superfluas, sino a estas últimas artificiales.
Si hubiera que resumir los signos de los tiempos en una sola variable quizás ésta pudiera ser que hoy nos encontramos ante un fenómeno casi inédito con carácter generalizado, el de un Poder supuestamente democrático, al menos en lo legal, que ataca a su propio pueblo, los pretendidamente representados, y eso en nombre de supersticiones o quimeras pretendidamente avaladas por la mohatra de ciertos expertos falsamente enmucetados. Sí, como si fuesen genocidas aztecas precolombinos nuestros dirigentes sacrifican a ídolos como el del cambio climático o del hembrismo o de la protección de la salud, la vida y en el bienestar de sus víctimas, los antes ciudadanos degradados a súbditos, de los que se les vulneran impunemente sus derechos constitucionales.
Y para ello el principal recurso es el miedo. Cuando no es por una causa es por otra. El caso es tener al pueblo soberano “acojonao” con uno u otro cataclismo real o fingido. Nos amenazan con nuevos virus criminales made in USA y sus terroríficas vacunas, con impedirnos que nos movamos, con comer exquisitas cucarachas, con plagas fulminantes propagadas por mosquitos oportunamente criados por el famoso filántropo de mirada aviesa, con sabotear la agricultura o propagar epizootias, con matarnos de sed destruyendo presas y azudes de control hídrico. Con la sequía e incendios provocados o con lluvias torrenciales. Con instalar convertidores energéticos ineficaces para encarecer los recibos y dificultar la actividad social y económica, con la supresión del dinero en efectivo, la inflación con estancamiento… gracias, por supuesto, al malvadísimo Putin. O con los ejércitos de verificadores contra bulos.
Para colmo, Bergoglio nos amenaza con una segunda parte de su grotesco catecismo idolátrico pachamamanesco y sinodal. Y otros con las tradicionales gotas frías ahora recalificadas de DANA para mayor “acojono” con lo del cambio del clima climático climatizable, excelente pretexto para conseguir y legitimar toda clase de abusos, crímenes y desfalcos.
El pasado domingo el globalista alcalde de Madrid se apresuró a salir a la tele para “acojonar” a sus pastoreados paisanos de la capital e instarles a que no saliesen del establo ya que le habían asegurado que sobre Madrid iba a llover a cántaros.
Afortunadamente, resultaría una relativa falsa alarma pues sólo llovió de modo torrencial en ciertos puntos de la provincia. Heroicos y sapientísimos expertos que no aciertan con la previsión a unas pocas horas vista pero que osan pontificar sobre lo que va a pasar en el planeta dentro de medio siglo.
Ciudades de 15 minutos
Uno de los últimos siniestros desvaríos progres liberticidas es lo que se ha venido en llamar ciudades de 15 minutos. Una barbaridad disfrazada de filantopía, remedo progre actualizado del siniestro “muro de la vergüenza”, a la que se apuntan muchos políticos títeres sin escrúpulos que pretenden hacer méritos para medrar en la infame ganadería del eugenista Klaus Schawb Rothschild.
Por si alguien aún no lo sabe se trata de enjaular a los habitantes de las ciudades con el absurdo pretexto de que consuman menos.
Una maniobra más propia de semovientes semi estabulados a los que de vez en cuando se les permite salir al corral que de personas libres en una sociedad libre. Tampoco hay que extrañarse porque la idea de que los hombres no deben tener más derechos que los animales ya está en boca de algunos de los filantrópicos primates del NOM. “La granja humana” que ya denunciaba Salvador Freixedo.
Lo de la confinación es un arma de guerra no muy sofisticada que ya fuera empleada por el polémico general Weyler, marqués de Tenerife, con ocasión de la guerra de Cuba, obligando a la población de la isla a concentrarse en ciudades circundadas de cañones. De modo que sirvió para terminar de arruinar la agricultura cubana y dejar el campo libre a los insurrectos. Para completar tan ingeniosa invención Weyler ordenó dividir la isla en tres compartimentos estancos separados por sendas trochas abiertas en la manigua. El invento no funcionó porque resultó un coladero aunque enajenó muchas simpatías a la causa española. Otro desastre.
Lo de los muros para impedir el paso invasor también fuera utilizado por los chinos o los romanos. Y al revés por los comunistas en Berlín cuando el súbdito inconformista con las delicias del socialismo real que intentaba cruzar al otro lado del telón de acero que dividía la ciudad huyendo del paraíso comunista era abatido sin piedad a tiro limpio.
Ahora se está derribando un muro en Perú que intentaba aislar un importante barrio residencial limeño de sus peligrosos alrededores, habitados por gentes pobres y acreditado foco de robos o violencias.
Y también hoy se emplea como oportuno toque de queda en nada menos que la presunta capital del mundo, junto a la Casa Blanca, para intentar poner freno a las violaciones y saqueos que abundan en el posmoderno paraíso demócrata “woke” del corrupto emperador carcamal Biden.
En muchas ciudades siempre han existido barrios más o menos bien definidos que agrupan residentes de parecido nivel social o adquisitivo. Pero esto de la ciudad de los quince minutos aunque tiene su componente de discriminatoria segregación social obedece al planteamiento globalista de intentar acabar con la clase media y sus posibilidades de trabajo o fuentes de riqueza.
“Contra malicia, milicia”, recetaba nuestro Padre Gracián, y, en efecto, en varios lugares afectados por la despótica medida sus víctimas se empiezan a defender como buenamente pueden. Se estima que en Londres quedan operativas solo unas pocas cámaras de las inicialmente instaladas para delimitar las áreas de prohibición o limitación. En el Sureste nueve de cada diez cámaras chivatas ULEZ (zonas emisiones ultra bajas) han sido saboteadas. También han trascendido las protestas por el encierro obligado en Oxford. Y aquí, en este atribulado reino filipino, son varios los responsables de ciudades que quieren llevar a sus vecinos al enjaulado filantrópico.
La degradada Barcelona golpista de la sorosiana señorita Colau es pionera en estos adelantos además de líder indiscutible en delincuencia urbana y consumo del peligrosísimo fentanilo. En este concurso de méritos globalistas Las Rozas en Madrid va a ser una de las primeras agraciadas.
Para prepararlas, de momento hasta lograr el caos total se eliminan necesarias plazas de aparcamiento para hacer sitio a carriles de peligrosas bicis y patinetes ocupados a veces por auténticos irresponsables, se estrechan calzadas, se reservan carriles para circular a la prodigiosa y no menos diabólica velocidad de hasta 3o km por hora, se forman islotes de más difícil acceso que agravan las peripecias y dificultades del pequeño comercio, así como obligan a realizar trayectos más largos y enrevesados, entorpeciendo premeditadamente el tráfico con las consiguientes pérdidas de tiempo y mayores costes, consumo de combustibles y emisiones.
Claro que los más afortunados o privilegiados pueden adquirir a precio de oro un muy resilente artefacto rodante eléctrico, una solución termodinámicamente fláccida, muy contaminante e imposible de generalizar.
Por si las sospechas no estuviesen más que justificadas para poner los pelos como escarpias, aunque más o menos todos se apuntan al liberticida sarao, la PSOE junto con los comunistas son las formaciones más entusiastas.
Todo sea por el “progreso” aunque el progreso para la degradada casta política actual consista en acosar y acabar con el hoy populacho, antes conocido como pueblo soberano.












Reventar la Agenda 2030. Reventar las granjas de los 15 minutos, y reventar las zonas ZBE.
Un “progreso” de peligro evidente por su afán pervertir de la realidad para convertirla en un instrumento capaz de conseguir enajenarnos
En todo caso, mejor nos iría con un regreso a las cavernas, un tiempo en el que todo estaba indiscutiblemente sometido a la Naturaleza, la fiel ejecutora de la Voluntad de Dios.