El examen de Feijóo en Andalucía: lo que cambiaría su ‘affaire’ con Vox si Juanma Moreno salva la mayoría absoluta sin el yugo de Abascal
LR.- Se muestra “convencido” Juanma Moreno de que “un resultado positivo para el Partido Popular y negativo para el PSOE” en las elecciones de este domingo en Andalucía podría tener consecuencias inmediatas y directas. “Va a agrietar de manera definitiva al Gobierno de Sánchez”. Por el peso “demográfico y económico” que tiene el sur de España, el presidente de la Junta y candidato a la reelección augura un impacto nacional “muy grande”.
Así lo expresaba ayer a La Razon: “Si el PSOE saca un mal resultado y el PP bueno”, es decir, que revalida su mayoría absoluta, “tendrá consecuencias en el panorama político nacional y a Sánchez las cosas se le ponen más complicadas”. En el equipo de campaña del barón popular ya hablan de un desplome antológico de los socialistas con María Jesús Montero al frente. “No descarto que baje de 26”, hace cábalas un dirigente de peso.
Sin embargo, los principales mandos populares han eludido verbalizar una segunda derivada nacional que, en la partida que se juega por la derecha, tiene tanta trascendencia como propinar un golpe letal a la dos del sanchismo: romper un ‘affaire’ político de amor-odio. Poner fin (o no) a la primavera demoscópica de Vox y dejarlo al margen de la gobernabilidad en la plaza más codiciada.
En 2018, Andalucía fue el punto de partida de Vox. Su primer asalto a las instituciones. Gracias a su sorprendente irrupción, dicho sea de paso, logró la derecha mandar al patíbulo casi cuarenta años de socialismo. En 2022, sin embargo, aquella misma región representó un frenazo para el partido verde cuando anhelaba colocar a Macarena Olona como vicepresidenta de Moreno. Al PP le cayó en gracia la absoluta y mejor sólo que mal acompañado.
Los comicios de este domingo, por tanto, serán una suerte de desempate en el particular duelo que libran PP y Vox. En verano de 2024, Santiago Abascal consumó el divorcio: ordenó romper los gobiernos autonómicos que compartía el PP. Desde entonces, ha basado su estrategia en confrontar con el PP, ubicándolo en los márgenes de un sistema que dice repudiar. “El bipartidismo”. Ha boicoteado cualquier entendimiento posible, hasta forzar sendos adelantos electorales, y ha abonado una campaña para erosionar la imagen de Feijóo. Un camino que, momentáneamente, le ha dado frutos.
Llegó el líder de Vox -y candidato ubicuo de su partido- al nuevo ciclo electoral autonómico cabalgando sobre los sondeos. Se estrenó en Extremadura con una subida indiscutible, pues duplicó resultados. Prosiguió Aragón con otro crecimiento notable. Sin embargo, cuando estiró de forma artificial el divorcio con los populares, pinchó en Castilla y León, donde la expectativa -tal y como reconocían en los días previos algunos soldados del partido- era sobrepasar el 20% del voto. Una barrera psicológica con la que poder alimentar el hipotético sorpaso al PP, idea pretendida por la izquierda para azuzar el miedo a su parroquia y mantener la tensión.
En ninguna de las tres citas autonómicas los resultados han logrado introducir en la población la percepción de que Vox le pisa los talones al PP. Como mucho, que el PP sólo puede gobernar si pacta con Vox. Una realidad política de la que el propio Feijóo reconoció hacerse cargo hace unas semanas. De ahí aquel documento que instalaba un marco global de negociación. Y así llegaron los dos primeros pactos electorales, el regreso de Vox a los “sillones”, un episodio que parecía enterrar la discordia. Unas segundas nupcias.
Sin el ‘yugo’ de Abascal
Nada más lejos de la realidad: el enfrentamiento en la derecha sigue. Se ha encargado Abascal de recordarlo en las últimas semanas. Mañana, tarde y noche, ha dirigido todos sus discursos a cargar con la misma intensidad contra Pedro Sánchez que contra Juanma Moreno. Incluso a Feijóo le ha caído algún rejonazo. En el equipo del líder popular son conscientes de que neutralizar la subida de Vox el próximo domingo y, sobre todo, mantenerlo a raya, será clave en la estrategia a futuro: devolverá voto útil de la derecha al PP, porque el electorado lo verá como opción más segura para acabar con Sánchez.
Hace no muchos meses, la demoscopia apuntaba a un escenario muy distinto en Andalucía del que dibuja a escasas horas de la votación (aunque no puedan ver la luz las encuestas que se siguen realizando). El PP perdía la absoluta con toda seguridad y la segunda plaza en distintas provincias se la disputaban el PSOE y un Vox disparado. En este tiempo, al partido verde se le han visto las costuras internas y ha regresado al redil de las alianzas con el PP.
A escasas horas de que se destapen las urnas el único interrogante es si a Moreno le faltan (o no) un ramillete de diputados para alzarse con la “mayoría de estabilidad”, como ha bautizado a una victoria sin compañías. Si la consigue, bola de partido para Feijóo. Nuevo capítulo en su ‘affaire’ con Vox: queda bien claro el equilibrio de fuerzas en la derecha. Y se le abre una vía para recuperar el terreno perdido por la derecha y, de cara a su asalto final con Sánchez, puede presentar una oferta sin el ‘yugo’ de Abascal.











