“¡FLORENTINO DIMISIÓN!”: El Bernabéu tiene que ser este martes un unánime clamor contra el presidencialismo tóxico del Real Madrid
AD.- El problema del Real Madrid ya no es una mala temporada. El problema es mucho más grave: el club ha entrado en una deriva de decadencia deportiva que amenaza con convertirle en un gigante vacío, atrapado entre la nostalgia de las viejas glorias y la incapacidad absoluta de construir un proyecto serio para competir contra un Barcelona que hoy sí representa exactamente todo lo que el Madrid ha dejado de ser.
El principal responsable tiene nombre y apellido: Florentino Pérez.
Durante años, el madridismo aceptó el relato de que Florentino era intocable, el salvador permanente, que todo lo controlaba y solucionaba. Las Champions ocultaron muchas cosas. El peso histórico del club maquilló errores gravísimos. Pero la realidad termina imponiéndose siempre, y hoy la realidad es devastadora: deportivamente, la gestión de Florentino Pérez es un fracaso.
El Madrid es un equipo sin identidad, sin estructura, sin automatismos y sin autoridad competitiva. Se trata de un equipo construido más pensando en el impacto mediático que en las necesidades futbolísticas reales. Se han tomado decisiones absurdas durante años bajo una lógica presidencialista que ha acabado destruyendo cualquier criterio deportivo coherente.
Este desastre en el modelo deportivo no es casual, sino el resultado lógico de una política basada en caprichos, marketing y personalismo extremo. El resultado está a la vista de todos: un Madrid roto, agotado y completamente superado por un Barcelona infinitamente mejor trabajado.
El Barça lleva años construyendo y apostando por una idea de juego, mientras el Madrid improvisa cada año, con estrellas desconectadas y transmitiendo decadencia institucional. Eso es lo verdaderamente insoportable para cualquier madridista con un mínimo de honestidad intelectual.
El problema para el Real Madrid ya no es perder una Liga o una Champions, sino asistir al inicio de una hegemonía azulgrana frente a un presidente, atrapado en la autocomplacencia, que ha perdido totalmente la razón y la perspectiva. Lo peor es que nadie a su alrededor se atreve a decírselo.
Ese es otro de los grandes problemas del club: Florentino vive encerrado en una burbuja de obediencia y propaganda. Su entorno lleva años funcionando como una corte incapaz de cuestionar una sola decisión presidencial. No existe autocrítica, ni debate interno, ni mucho menos responsabilidad. Todo gira alrededor de la figura de una Presidencia tóxica. Y es que cuando un club tan gigantesco depende únicamente del ego y la visión de un anciano caduco, el final siempre termina siendo destructivo.
El caso de Kylian Mbappé simboliza perfectamente este fracaso. Convertido en operación estratégica, mediática y presidencial, ha terminado representando exactamente lo contrario de lo que el equipo necesitaba. Más desequilibrio, más individualismo, más ruido; menos fútbol, menos cohesión, menos competitividad real. Pero lejos de advertir la realidad, se intenta vender que el problema se solucionará con uno o dos fichajes más. Mentira. El problema del Real Madrid es estructural. El problema es una presidencia que ya no piensa como un dirigente deportivo, sino como un hombre convencido de que el club le pertenece.
Por eso resulta especialmente alarmante escuchar rumores disparatados sobre soluciones nostálgicas y recicladas. La simple posibilidad de volver a recurrir a figuras amortizadas como José Mourinho retrata el nivel de desesperación y desconexión institucional que atraviesa el club.
El madridismo tiene que reaccionar ya. No mañana ni en agosto. Ahora.
El próximo partido del Real Madrid en el Bernabéu, este martes contra el Alavés, debería convertirse en un correctivo histórico contra Florentino Pérez y contra todo lo que representa esta decadencia deportiva. La afición tiene que hacerse escuchar y exigir responsabilidades. Es imperativo romper el silencio cómplice que lleva demasiado tiempo anestesiando al club. La reprobación a Florentino y a los jugadores tiene que ser monumental, sin precedentes, ya que si el madridismo no actúa, nadie lo hará. El Bernabéu debe ser un clamor unánime, una bronca histórica, un grito de hartazgo, un mensaje claro contra el presidencialismo tóxico que está destruyendo al club desde dentro.
El grito de “FLORENTINO DIMISIÓN” tiene que ser abrumadoramente mayoritario.
Los aficionados madridistas tienen también que señalar a los jugadores que han fracasado estrepitosamente, comenzando por Mbappé, El Real Madrid no puede seguir secuestrado por decisiones personalistas alejadas de cualquier lógica deportiva.
Si el Bernabéu calla o reduce el drama a unas tímidas protestas, lo que estará haciendo es normalizar el fracaso, aceptar la decadencia y convertirse en un club resignado. Y si el madridismo permite eso, entonces el Real Madrid habrá perdido mucho más que una temporada: habrá perdido su identidad.












