Lo de Vito Quiles no es periodismo (Video comentario de Joaquín Abad)
Hay líneas que separan el periodismo del espectáculo, la crítica legítima del hostigamiento personal. Vito Quiles lleva tiempo cruzándolas todas. Lo ocurrido recientemente con Begoña Gómez no es un episodio aislado ni un exceso puntual: es un patrón sostenido de comportamiento que convierte el micrófono en arma y la cámara en instrumento de intimidación.
Conviene decirlo sin rodeos: perseguir, increpar y buscar la reacción personal de alguien en su esfera privada —aunque sea una figura vinculada indirectamente a la política— no es fiscalización, no es información, no es periodismo. Es acoso.
El caso de Begoña Gómez ilustra con claridad esa deriva. Que exista una investigación judicial no convierte automáticamente su vida cotidiana en un espacio de caza mediática. Una cosa es el interés público; otra muy distinta es invadir el derecho a la privacidad con prácticas más cercanas al paparazzismo agresivo que al ejercicio responsable de la profesión. La justicia debe seguir su curso, con garantías. Lo demás sobra.
Lo preocupante no es solo la actuación de Quiles, sino la normalización política de este tipo de conductas. Por ejemplo, que la portavoz del principal partido de la oposición, Esther Muñoz, haya salido a justificarlo apelando a agravios pasados —recordando supuestos acosos a dirigentes del PP— no solo es un argumento pobre: es una renuncia explícita a cualquier estándar ético. El “y tú más” no legitima el abuso; lo perpetúa.
Esa falta de criterio se extiende también a decisiones políticas difícilmente defendibles. Resulta revelador que Jorge Azcón considerara oportuno vincular el cierre de campaña del PP en Aragón con Vito Quiles, lo que podría interpretarse como una señal del ecosistema comunicativo que se está alentando.
Pero hay un elemento aún más inquietante. Quiles eligió montar su “show” justo en un día políticamente crítico: el de las declaraciones de Víctor de Aldama en el Tribunal Supremo, en plena efervescencia de un escándalo que afecta al PSOE. El resultado fue un ruido mediático artificial que contribuyó a desviar el foco de un asunto de evidente relevancia pública.
Ese es el verdadero daño: no solo se vulneran derechos individuales, sino que se contamina el debate democrático. Malo es que se sustituya la información por el espectáculo, el análisis por el enfrentamiento, y la rendición de cuentas por el circo.
Defender esto como periodismo es degradar la profesión. Justificarlo desde la política es abrir la puerta a que todo valga.
No, no todo vale. Y lo de Vito Quiles, desde luego, no.











