Padre Custodio Ballester: “La bandera que, avergonzada, se negó a subir ante tanta gentuza aprovechada y corrupta”
Padre Custodio Ballester.- Es la crónica de un síntoma nacional. La escena ocurrió en Vigo, pero podría haber sucedido en cualquier rincón de esta España exhausta: la bandera nacional, en pleno acto del Día de las Fuerzas Armadas, se desploma durante el izado, como si un hilo invisible —cósmico, simbólico, implacable— hubiese decidido recordarnos en un solo gesto la decrepitud social y política que nos corroe. No fue un accidente. Fue un signo que muchos no quieren ver. La bandera que se avergonzó. Porque lo que se vio en Vigo no fue solo un fallo técnico. Fue la imagen perfecta de un país donde las instituciones se han acostumbrado a vivir de espaldas a la nación que dicen representar.
La bandera cayó como si se avergonzara de ser izada ante tanta gentuza aprovechada y corrupta, ante tanto burócrata, con uniforme o sin él, que ha hecho carrera a costa del Estado mientras desprecia lo que el.mismo Estado significa.Y cayó, sobre todo, ante unos mandos militares que parecían no saber qué hacer, como si el manual no contemplara la posibilidad de que la patria —literalmente— se les viniera abajo delante de las narices. El Rey, obligado a salvar el bochorno.
La imagen fue grotesca: mandos paralizados, oficiales mirando al cielo, soldados sin instrucciones… y tuvo que ser el propio Rey quien ordenara que los abanderados permanecieran junto al mástil desnudo para que, al menos, una bandera pequeñita presidiera el desfile. Una improvisación digna de un país que ya no improvisa por necesidad, sino por costumbre.
Lo ocurrido en Vigo retrata a la perfección el estado actual de nuestras Fuerzas Armadas: un ejército de la señorita Pepis, más preocupado por la corrección política, los cursillos de género y las fotos institucionales que por izar la bandera nacional en condiciones.Un ejército que, cuando la enseña cae, no sabe reaccionar.
Un ejército que, cuando la patria tropieza, mira hacia otro lado. Un ejército que, cuando el país se hunde, sonríe para la foto. La incompetencia elevada a la normalidadas absoluta.
La caída de la bandera no es un hecho aislado. Es la consecuencia lógica de años de:desconexión institucional respecto al pueblo al que deberían servir; sumisión política ante gobiernos que desprecian la idea misma de España; incompetencia estructural en mandos que han olvidado que su misión no es agradar, sino defender; degradación simbólica de todo lo que representaba cohesión nacional.
La bandera cayó porque todo lo demás ya había caído antes.Un país que se reconoce en su símbolo caído. La escena de Vigo es la metáfora perfecta de la España actual: una nación que intenta levantarse mientras quienes deberían sostenerla no saben, no quieren o no se atreven a hacerlo.
La bandera cayó, sí, pero lo verdaderamente grave es que nadie pareció sorprendido. Ni siquiera resignado. Les importaba a todos un pimiento porque la nómina la tienen asegurada hagan lo que hagan. El peso de la ferretería que lucían en los uniformes, medallas sin gloria y sin sangre, de quienes ya no tienen por objetivo dar la vida por España sino jubilarse en el consejo de administración de una fábrica de minas antipersona, nos hacen clamar compungidos: Apóstol Santiago, ruega por tu nación… Porque otra cosa ya no nos queda.











