Entre ceja y ceja: ZP-Sánchez, la dupla que liquida España
Ignacio Trillo.- No intenten enterrar a José Luis Rodríguez Zapatero. Su rol no terminó el día que dejó la Moncloa. Al contrario: ese día comenzó su verdadera misión. Zapatero no es un expresidente retirado, es una pieza central, activa y perfectamente engrasada en la maquinaria que Pedro Sánchez ha construido para desmontar España desde dentro y desde fuera.
Y surge la pregunta incómoda que hay que plantar en la mesa: ¿Por qué Sánchez ha convertido a Zapatero en su gurú ideológico y en su principal emisario internacional?
La respuesta es tan evidente como demoledora: porque Zapatero es el hombre que mejor encarna, legitima y da coherencia a la estrategia de fragmentación nacional del sanchismo. No es un asesor cualquiera. Es el puente entre la traición interna y la claudicación externa. El hilo conductor que convierte lo que parece caos destructivo en un proyecto ideológico coherente.
Zapatero fue el arquitecto original de la rendición. Durante su mandato abrió de par en par las puertas al nacionalismo radical: apoyos parlamentarios de ERC y BNG, el pacto secreto con Artur Mas para inflar el Estatut y, sobre todo, el infame «proceso de paz» con ETA que blanqueó a los herederos del terror y humilló a las víctimas. Todo aquello que hoy vemos no es una improvisación de Sánchez: es la continuación lógica y radicalizada de lo que Zapatero empezó.
Hoy, ese mismo hombre es quien otorga bendición moral a los acuerdos más vergonzosos de Sánchez con ERC, Junts, Bildu y el PNV. Es quien defiende la amnistía a los golpistas como un acto de «generosidad histórica». Es quien hace de puente discreto con Puigdemont y quien convierte la entrega de la soberanía en un supuesto ejercicio de «diálogo». Su función es perversa pero clara: maquillar la rendición como virtud, la cesión de poder como progreso y la humillación del Estado como reconciliación.
En el plano internacional repite el mismo guion con precisión quirúrgica. Como enviado especial a Venezuela y otros regímenes bolivarianos, Zapatero blanquea dictaduras, legitima narcoestados y abre puertas que después se traducen en rescates financieros millonarios y favores geopolíticos. Su cercanía al chavismo no es ingenuidad: es coherencia ideológica. Para él, España debe rebajarse, ceder y «dialogar» incluso con quienes atacan su soberanía y su dignidad. Exactamente igual que hace con los separatistas en casa.
Esa es su verdadera grandeza dentro del proyecto sanchista: une ambos frentes. Los mismos argumentos que usa para justificar el abrazo a Bildu o a los golpistas catalanes los emplea para defender a Maduro y a Delcy Rodríguez. Todo forma parte del mismo plan: debilitar el concepto mismo de nación española, tanto desde dentro como desde fuera.
Mientras tanto, Sánchez opera rodeado de una auténtica banda criminal: una corte de investigados, imputados y condenados que conforman su círculo más estrecho. Con frentes abiertos en los tribunales por corrupción, malversación y tráfico de influencias, el sanchismo se sostiene sobre un entramado de favores, contratos sospechosos y aliados tóxicos que ya no disimulan su desprecio por las instituciones. Zapatero no solo bendice esta degradación: la justifica y la eleva a categoría de «nueva normalidad democrática».
Sin Zapatero, el sanchismo tendría mucho más difícil vender como «progresismo» lo que en realidad es una operación sistemática de fractura territorial y degradación nacional. Sánchez no lo eligió por nostalgia ni por lealtad. Lo eligió porque es el nexo perfecto entre la claudicación interna y la claudicación externa. Mientras Zapatero opera en Ultramar dando cobertura a regímenes autoritarios, en España justifica la entrega del Estado a quienes quieren liquidarlo.
ZP-Sánchez, Sánchez-ZP. Da exactamente igual. Ambos encarnan la parte más oscura de la democracia española: aquella que utiliza las instituciones para destruirlas, el diálogo para rendirse y el poder para desmantelar la nación.
Al final, cuando caiga el telón, no habrá joya que pague la fianza. Ni fortunas, ni indultos, ni pactos con dictadores podrán comprar el perdón de una nación humillada. ZP-Sánchez quedarán marcados para siempre como los dos rostros de la traición moderna: el gurú y el ejecutor de la destrucción de España.
*Ignacio Trillo Arespacochaga es miembro de la junta directiva de la Asociación Pie en Pared y de la Fundación Foro Libertad y Alternativa












