¿Por qué Ayuso les pone tan nerviosos?
Francisco Marhuenda.- He de reconocer que me divierte seguir las desventuras de la izquierda política y mediática con Ayuso. Los plenos de la Asamblea se han convertido en un ring donde la presidenta vapulea a las portavoces del PSOE y Más Madrid. Es verdad que se lo ponen fácil, porque la carencia de argumentos es demoledora. Me gusta cuando se arrogan la representación del pueblo de Madrid ante la política que obtiene mayoría absoluta. Es bastante excéntrico. Ahora solo hablan del ático, que es una fantasía promovida por La Moncloa para ayudar al pobre Óscar López que puede quedar por detrás de la hiperpija de Mónica García.
Es cierto que resulta útil para que los sicarios del sanchismo lo utilicen como si fuera un gran escándalo e incluso, con la osadía surgida de su ignorancia, han presentado querellas. Es lo mismo que sucede con el CIS, donde sabemos que es mentira pero los medios de comunicación controlados o financiados por el Gobierno salen diciendo que Sánchez ganará las elecciones sacándole 10 puntos a Feijóo. Esta fantasía es pintoresca. No hay más que escuchar los argumentos de las pijas y pijos de izquierdas que viven en los barrios ricos de la capital. Es un socialismo y comunismo que mola mucho.
Otro problema que tienen con Ayuso es que no es la marioneta de nadie. Con un cierto machismo estos políticos y sus aliados mediáticos en tertulia y programas dejan caer el nombre de Miguel Ángel Rodríguez. Es cierto que es un magnífico estratega. Lo demostró con Aznar, en las empresas en las que ha trabajado y ahora al lado de Ayuso. Por lo visto contra ella todo vale y aquí entra esa falsedad de que es el que manda o la maneja. ¿Por qué se atreven? Es muy sencillo, es mujer y lo que quieren es destruirla. Lo tienen fatal y seguirán tropezando siempre en la misma piedra.
Dentro de unos meses, López, García y los palmeros mediáticos del sanchismo sufrirán una nueva derrota de manos de Ayuso. Otro aspecto que les viene francamente mal es que tiene muy buenas ideas como la Fórmula 1. Por más que intenten minimizar el éxito, la realidad está a la vista de todos. No importa que la ataquen o la critiquen, se sobra y se basta para derrotarlos de forma humillante.











