¿Montaría una dictadura si sigue cuatro años más?
Luis Ventoso.- Pasados cincuenta años desde la muerte de Franco, siguen circulando anécdotas sobre él, unas reales y otras apócrifas. El magnífico Alfonso Ussía era un maestro contándolas, enriqueciéndolas cada vez con más teatrillo y nuevos detalles hilarantes de su cosecha. Una de las más conocidas asegura que Franco, ya con varias décadas de gobierno a sus espaldas, recibió a un personaje en audiencia y le soltó el siguiente consejo socarrón: «Usted haga como yo, no se meta en política».
Me acordaba del chascarrillo viendo la inaudita respuesta de Sánchez en su entrevista-spa en TVE cuando se lanzó a hablar de la alternancia en el poder, que rechaza. Explicó que en términos generales él entiende que al pueblo le pueda apetecer un cambio, pero ahora mismo no hace falta, «porque el cambio ya soy yo». Es la respuesta de un político endiosado y fuera de sí, con un síndrome de la Moncloa que linda con lo patológico.
Viendo la deriva del personaje surge una pregunta necesaria: ¿Corremos el riesgo de que Sánchez nos monte una dictadura si continúa cuatro años más en el poder (sin ganar siquiera las elecciones)? Cada vez hay más políticos y analistas que responden que «sin duda».
Sánchez acumula todos los tics y prácticas del manual del buen autócrata:
-Ha homologado la mentira como práctica política aceptable. Su consigna es la del Gran Hermano orwelliano: no te creas lo que ven tus ojos, cree en lo que YO te digo. Ha vuelto a suceder con los informes de inteligencia sobre Ceuta. Están ahí, a la vista de todos, pero Gran Hermano (Sánchez, Marlaska y Albares) insiste en que no existieron. No así Margarita, que es juez, se tienta la ropa y no quiere acabar en el banquillo con ellos.
-Sánchez ha convertido al adversario en enemigo. Aboga por encerrarlo tras «un muro» y ya se opone abiertamente a que haya alternancia en el poder.
-Ha pisoteado todas las reglas no escritas de la democracia española, empezando por la que establecía que en España gobernaba el más votado.
-Ha traicionado a España y su Constitución, aliándose entre tinieblas con unos partidos golpistas que él mismo y su partido habían contribuido a frenar con el 155.
-Hace fichas de Interior al estilo de la Stasi en la RDA, clasificando a los periodistas según su ideología.
-Ha intentado manipular las elecciones y tras las revelaciones de El Debate ha sido frenado por la Junta Electoral, que paró su coladero con el DNI digital, y por el Supremo, que ha puesto en suspenso su tramposa ley de nietos (con la consiguiente ira del autócrata).
-Ha sometido al TC a su capricho partidista, con decisiones tan detestables como perdonar las penas de los ERE del PSOE, o como la propia amnistía, que no tenía más móvil que sus necesidades parlamentarias. Además, mantiene una guerra abierta contra los jueces que hacen su trabajo.
-Ha fomentado dos casos de guerra sucia política clarísimos: el de García Ortiz contra Ayuso, que le costó una condena y su cargo al fiscal; y el de Cerdán y Leire Díez para frenar a jueces, fiscales y guardias civiles que investigaban a la familia del presidente (un caso que si pierde el poder puede costarle una severa pena).
-Ha practicado el nepotismo con descaro, con su hermano ya condenado por el enchufe en Badajoz y con el juicio a su mujer en curso.
-Ha utilizado los fondos públicos para poner bajo su control a una de las mayores empresas públicas de España, Telefónica, nacionalizada al más puro estilo chavista.
-Ha convertido la televisión pública en un panfleto a su mayor gloria. Incluso ha llegado al extremo de auspiciar desde el poder la creación de un canal que no tiene más fin que hacerle propaganda, apodado como Telepedro.
-Se ha comportado como un felón en Ceuta. Ha negado que hubiese avisos de inteligencia, algo desmentido por los informes de seguridad que él mismo acaba de publicar (una vez más la mentira tiene las patas muy cortas y la excusa que da ahora Moncloa es que esas advertencias no escalaron la cadena de mando, lo cual o es mentira o son unos perfectos ineptos). Se recluyó escondido en su palacete vacacional tras admitir que España había sufrido «una violación de su integridad territorial». Eximió de toda culpa al agresor, Marruecos, adulándolo de manera inexplicable. Con una deslealtad repugnante, ha enviado a su petulante ministro de Exteriores a Bruselas para que desautorice al presidente de Ceuta, que había hablado allí en la víspera.
-Ha intentado aprobar leyes para restringir la libertad de prensa (la llamada Ley Begoña), que al más puro estilo de los dictadores bautizó con un eufemismo que refleja exactamente lo contrario de lo que pretendía: «leyes de defensa de la democracia».
-Es el primer presidente que niega entrevistas a todo medio que no sea de su órbita. Insulta a los periódicos críticos («los digitales de los bulos»). Insulta a los españoles que no le votan («la fachosfera»). Ha convertido las ruedas de prensa del Consejo de Ministros en un mitin. Ha creado unos ridículos balances a lo Putin, en los que se autoexamina cada año concediéndose matrícula de honor.
Tiene los peores instintos y está fuera de control. En efecto: si sigue cuatro años más, nos montará una dictadura «progresista» de fachada más o menos maquillada. De hecho, hace ya tiempo que ha comenzado a dar pasos.











