Francisco Gordón, abogado y especialista en derecho taurino: “La tauromaquia la han intentado prohibir hasta los papas, y afortunadamente no lo han conseguido”
Diario de Córdoba (R) El abogado y especialista en derecho taurino, Francisco Gordón Suárez, presenta su libro Eso no estaba en mi libro de Historia de la Tauromaquia, un recorrido por la dimensión histórica, cultural y social del mundo taurino frente a los prejuicios y debates actuales que rodean a la tauromaquia-
-El título del libro ya parece invitarnos a descubrir la cara menos conocida de este mundo. ¿Cree que actualmente existe más desconocimiento o incluso desinformación sobre el mundo del toreo que antes?
-Sinceramente, creo que no. Estamos en un momento en el que la juventud está acudiendo a la plaza como hacía mucho tiempo que no sucedía.
-Su libro está repleto de historias muy curiosas: huelgas de toreros, campañas de Coca-Cola o Adidas, debates jurídicos… ¿Cuál fue la anécdota que más le impactó encontrar?
-Sería difícil quedarme con una sola. Me llama la atención los sitios tan exóticos en los que ha habido corridas de toros, como puede ser en Central Park en Nueva York, a finales del siglo XIX. Pero si me tuviera que quedar solo con una, me quedaría con el capítulo que inicia el libro, que se titula El maldito adiós de los Califas.
-¿Hay alguna que parezca casi inventada y que, sin embargo, sea completamente verídica?
-Verídicas son todas y están muy documentadas. A mí ya la de Central Park me parece especialmente curiosa, pero también hubo toros en el Vaticano, que puede ser llamativo. Y en tiempos más recientes, que haya habido toros en China o en Japón, es algo que llama la atención, pero que en definitiva viene a ser un poco una metáfora de la universalidad de la tauromaquia. Una de las aspiraciones que tiene el libro es rebatir esa tendencia que tienen los más críticos de arrinconar la tauromaquia como una afición cultural de carácter residual. La tauromaquia ha sido, es y confío en que será siempre universal.
-Usted plantea la tauromaquia no solo como espectáculo, sino como un fenómeno cultural y social. ¿Hasta qué punto la historia del toro ayuda también a entender nuestra propia historia?
-Pues yo considero, como ya lo dijo Ortega y Gasset, que no se puede entender la historia de España sin entender la historia de la tauromaquia. Existe una absoluta unión. En el libro hay situaciones que así lo ponen de manifiesto. En el año 2013 el propio Parlamento español reconoció la tauromaquia como Patrimonio Cultural de todos los españoles. La tauromaquia la han intentado prohibir hasta los papas, y afortunadamente no lo han conseguido.
-Al hilo de esto que menciona sobre los intentos de prohibición, ¿le sorprendió comprobar que muchos de los debates actuales ya existían entonces?
-Sorprenderme no, porque reconozco que puede ser una manifestación cultural polémica. Y no me sorprende si lo adapto a los tiempos actuales, porque en el debate “toros sí, toros no”, un debate maniqueo, nadie se plantea debatir si yo tengo la libertad de asistir a una ópera o no. Nadie cuestiona el carácter cultural de Las Meninas. Le guste o no le guste. Por tanto, partiendo de dos premisas esenciales que son la libertad y la cultura, el debate se antoja baladí, o sea, no son “toros sí, toros no”, sino “libertad sí y libertad no”. Si una persona no es aficionada a los toros, tiene el mismo derecho a no serlo que los que sí lo somos.
-Como abogado y especialista en derecho taurino, ¿hasta qué punto considera importante dar una mayor visibilidad a la dimensión jurídica y patrimonial de la tauromaquia?
-Pues no solamente es que lo considere esencial, sino que como jurista considero que es el cumplimiento de un mandato constitucional. Nuestra Constitución obliga, no sugiere, no aconseja, sino que obliga a todos los poderes públicos a fomentar, no a no prohibir, sino a fomentar el patrimonio cultural. Por tanto, es un imperativo legal la promoción, y lleva implícita la defensa de la tauromaquia.
-Ya al comienzo de la entrevista mencionaba a los Califas, y en el libro se da buena cuenta del lugar tan especial que ocupan ellos y la ciudad de Córdoba en la memoria taurina española.
-Córdoba está muy presente en el libro, como no podía ser de otra manera. Posiblemente, la mayor dignidad quizá que pueda alcanzar un torero es ser reconocido como Califa. Da buena fe de su importancia el hecho de que esté incluido en el diccionario de la Real Academia. Han sido toreros que han llevado el nombre de Córdoba por bandera y que hoy día, en algunos casos, siguen siendo reconocidos.
-Usted fue una de las personas que impulsó el reconocimiento de Manolete como hijo predilecto de Córdoba. ¿En qué medida cree que su legado ha influido en la identidad y la memoria colectiva de la ciudad?
-Pues creo que en mucha. Porque no hay nadie, no solamente en Córdoba, me atrevería a decir en el mundo, que no sepa quién es Manolete. Manolete está presente en nuestro día a día cotidiano. En la repostería, en la moda, en la tauromaquia, etc. Me decía el grandioso torero Juan Serrano Finito de Córdoba, hablando de Manolete, que no tiene ninguna fotografía mala. Manolete es la personalidad. Marcó la tauromaquia y todavía hoy en las plazas o en las tabernas es una persona presente. Y creo que esa es la prueba más evidente de su grandeza, que tantísimos años después está presente como si no hubiera fallecido.
-Y, por último, ¿qué le gustaría despertar con este libro en alguien que quizá nunca ha tenido relación con el mundo del toreo?
-La aspiración del libro quizás pueda resultar un poco ambiciosa o pretenciosa, y es que le guste a quienes son aficionados a los toros. Pero quizá vaya más encaminado a, precisamente, esas personas que no tienen un conocimiento de la tauromaquia y que tampoco tienen un prejuicio frente a ella. Porque creo que con la lectura de estas historias descubrirán una manifestación cultural absolutamente única. Como dice Victorino Martín, presidente de la Fundación del Toro de Lidia, la tauromaquia es el regalo que España ha hecho al mundo. Y creo que estas páginas son una buena ocasión para descubrir historias de sus protagonistas, y que quienes lo lean sigan queriendo profundizar en su conocimiento y que acaben, en última instancia, disfrutando de algo tan grandioso como es una tarde de toros en una plaza.












