El plan de Sánchez ante la tragedia andaluza: filtraciones para blindarse, pacto con ERC y un PSOE en manos del PSC
El líder socialista ha construido un PSOE que depende mucho menos de sus votantes que de su aparato militante. Y esa mutación explica por qué el partido aguanta posiciones políticas que hace apenas una década habrían provocado una rebelión interna inmediata: la amnistía, los pactos con el independentismo, la colonización orgánica del partido, la purga silenciosa de barones críticos o el vaciamiento ideológico del socialismo clásico en territorios históricos como Andalucía o Extremadura. Internamente, la discrepancia está amordazada, y los mínimos movimientos que se producen no tienen capacidad de alterar nada. “Somos el partido del miedo”, sentencian desde la federación de Castilla-La Mancha.
Mientras el socialismo afronta este domingo una posible nueva noche negra en Andalucía, en el entorno presidencial ya se da por descontado cuál será el movimiento posterior: más blindaje interno, más dependencia parlamentaria de ERC y una estrategia todavía más apoyada en Cataluña como gran sostén político del sanchismo. El pacto presupuestario para sostener a Salvador Illa se presentará en sociedad esta semana.
“Ferraz ya ha asumido que el PSOE tradicional se debilita, pero creen que con el PSC y los socios independentistas aún pueden aguantar”, resume un veterano dirigente socialista. El fenómeno preocupa especialmente a sectores históricos del partido porque altera una de las bases tradicionales del PSOE: su capacidad para funcionar como fuerza hegemónica transversal en toda España. Hoy muchos dirigentes reconocen en privado que el partido ha pasado a sostenerse sobre tres pilares muy distintos a los de hace una década: el PSC, la alianza parlamentaria con ERC y una militancia muy movilizada alrededor de Sánchez. Este nuevo equilibrio explica también por qué Moncloa no contempla cambios de rumbo tras las andaluzas aunque el golpe electoral sea severo. “Ya han decidido que el problema no es perder territorios. El objetivo es resistir. Todo al servicio de Pedro”. Euskadi es la otra prioridad. Y fuera de ese ecosistema, “nadamos en la irrelevancia”.
Ahí aparece la verdadera preocupación de algunos sectores críticos del PSOE: que el partido ha renunciado definitivamente a reconstruir grandes mayorías nacionales y ha asumido una lógica de resistencia basada en el bloque parlamentario que permitió la investidura de Sánchez.











