Los tracking en Andalucía detectan un voto transversal de Se Acabó La Fiesta (SALF), el partido de Alvise, que araña apoyos a derecha e izquierda

Alvise junto al candidato de SALF en Andalucía, Adrián Yacar, un policía sevillano con una empresa de IA.
Los últimos estudios internos que manejan distintas formaciones políticas en Andalucía empiezan a dibujar un fenómeno que hace apenas unos meses parecía improbable: el crecimiento de un voto transversal alrededor de Se Acabó La Fiesta (SALF), la plataforma impulsada por el eurodiputado Alvise Pérez. Los tracking realizados durante las últimas jornadas reflejan un movimiento de electores desencantados que no responde a los patrones ideológicos clásicos y que amenaza con alterar los equilibrios tradicionales tanto en el bloque conservador como en el progresista.
La principal conclusión que extraen los equipos demoscópicos es que SALF no se limita a competir por el espacio de Vox o del PP. También estaría captando una parte del voto de protesta procedente de antiguos abstencionistas, jóvenes desmovilizados e incluso sectores que en anteriores ciclos electorales apoyaron a Podemos o Sumar. El rechazo a los partidos tradicionales, la desconfianza hacia las instituciones y el consumo masivo de contenido político en redes sociales aparecen como los elementos comunes de ese nuevo electorado.
Fuentes conocedoras de varios sondeos internos señalan que el crecimiento del partido de Alvise es especialmente visible entre menores de 35 años y entre votantes urbanos con fuerte presencia digital. En provincias como Sevilla, Málaga o Cádiz, algunos tracking sitúan a SALF con porcentajes suficientemente altos como para condicionar el reparto de escaños en determinados escenarios.
La irrupción del fenómeno preocupa especialmente a Vox. Aunque parte del discurso antisistema y antiestablishment de SALF conecta con votantes desencantados de la derecha dura, las encuestas muestran que la fuga no es exclusivamente ideológica. “Hay electores que no buscan un partido tradicional de derechas o izquierdas, sino una herramienta de castigo”, resume un consultor demoscópico que trabaja para varias campañas autonómicas.
En el PP andaluz observan el movimiento con una mezcla de cautela y distancia. La dirección popular considera que el voto más moderado seguirá concentrándose en torno a Juanma Moreno, cuya imagen continúa siendo una de las más sólidas del panorama autonómico. Sin embargo, existe inquietud por el posible efecto desmovilizador que puede generar una candidatura basada en la confrontación permanente y la antipolítica.
En la izquierda, el análisis es diferente pero igualmente inquietante. Algunos estudios detectan que SALF logra penetrar entre jóvenes desencantados con el discurso tradicional de la izquierda y muy sensibles a mensajes virales sobre privilegios políticos, corrupción o deterioro institucional. No se trata de un trasvase masivo, pero sí de un goteo constante que complica todavía más la reconstrucción del espacio progresista alternativo al PSOE.
Los expertos apuntan a que el fenómeno comparte rasgos con otros movimientos populistas europeos nacidos al calor de las redes sociales y del desgaste de los partidos clásicos. La diferencia, subrayan, es la velocidad con la que se está produciendo el crecimiento digital de SALF y la capacidad de Alvise para convertir polémicas virales en notoriedad política.
De momento, ninguna encuesta pública sitúa al partido cerca de convertirse en una fuerza decisiva en Andalucía. Pero los tracking internos sí reflejan una tendencia ascendente que obliga a todos los partidos a seguir de cerca su evolución. En un escenario de creciente volatilidad electoral, la aparición de un voto transversal y emocional puede convertirse en uno de los factores más imprevisibles de los próximos ciclos electorales.
El gran interrogante es si SALF logrará consolidar ese apoyo más allá de la protesta y transformarlo en estructura territorial, cuadros políticos y presencia estable en las instituciones. Los sondeos indican que existe un espacio para el descontento. Falta por ver si ese malestar puede sostenerse cuando la política abandona el terreno de la viralidad y entra en el de la gestión.











