Adrián Yacar… ¡Ya era hora!
Fraguas.- ¿Qué se necesita para cambiar la esencia de un hombre? Cómo es posible que la obstinación nos sumerja en la miseria y después nos defendamos con el desdén. Si nos equivocamos, lo arreglamos con un «no pasa na’». Y no hablo de un caso casual.
Llevamos cincuenta años huyendo del franquismo para hundirnos en algo mucho peor: la evolución del franquismo.
Alguien muy noble dijo una vez: «Murió Franco y triunfó el franquismo». Así, no nos hemos dado cuenta de que hoy somos menos libres que entonces. No me malinterprete, amado lector, esto no es una defensa de la dictadura, ¡Dios me libre!; pero sí entiendo la libertad desde un punto de vista pragmático y económico, además de las «chapas» que le escribo sobre la libertad política.
Y entendiendo el principio simple de la libertad por medio del bolsillo, hemos evolucionado de un Estado autoritario que nos respetaba el sueldo —aunque fuera chico— a un Estado que se queda con la mitad de nuestro salario; que nos hace trabajar para él de lunes a miércoles al mediodía. Nos ha convencido de que eso es normal y ahora pretende limitar la propiedad privada y legislar contra el sentido común de la seguridad en las calles. Amén de lo que se llevan los políticos con el hábito del hurto.
Si con Franco éramos siervos, con impuestos desmedidos, sin propiedad privada y con la impunidad de la sociedad política, nos convertimos en esclavos. Me encantaría escribir, amado lector, que los políticos no se han dado cuenta de esto; pero no. Todo lo contrario: son muy conscientes de ello.
Con una máxima empecé a escribir este artículo, la del «no pasa na’». Y sí, sí pasa. Con otra máxima termino: «Solo un loco piensa que haciendo lo mismo de siempre puede cambiar las cosas». Llevamos cincuenta años haciendo lo mismo, votando a lo mismo.
Hoy se presenta en Andalucía un policía que conoce esto y lo denuncia. Deje de hacer lo de siempre, de votar a los de siempre, y apueste por SALF y por Yacar. Con ellos, Se Acabó la Fiesta y Andalucía podrá cambiar. A ver si lo contrario a la obstinación —la decisión sopesada— nos lleva a la máxima del «ya está bien, ya era hora».
Ave María Purísima.











