La misteriosa isla de la Tortuga: el refugio sin ley de los piratas que enfrentó a España e Inglaterra

Asalto pirata. La banda de Samuel Bellamy, Black Sam, se dispone a atacar al Whydah, un barco negrero que regresaba a Inglaterra con las ganancias obtenidas en su expedición. Ilustración por Gregory Manchess.
Montañosa, cubierta por selvas frondosas y situada en plena ruta de los galeones españoles hacia Florida y la península… Dichas cualidades hicieron de la isla de Tortuga, en el noroeste de la La Española, en el refugio favorito de los piratas que durante los siglos XVII y XVIII se atrevieron a poner en jaque el comercio entre España y sus virreinatos americanos.
La popularidad de Tortuga proviene de las novelas de Emilio Salgari y de la saga cinematográfica “Piratas del Caribe”, donde el capitán Jack Sparrow recluta a la futura tripulación de La Perla Negra. Pero más allá de la literatura y la fantasía, la isla de Tortuga se convirtió en un símbolo del desafío al poder español en el Caribe y el hogar de los famosos bucaneros y filibusteros.
las devastaciones de orosio
A finales del siglo XVI, la mitad occidental de la isla de La Española, la primera en conocer la llegada de Colón a América, era un territorio sumido en la anarquía cuyos habitantes aprovechaban la cercanía de Cuba y de las rutas comerciales para dedicarse al contrabando.
Castilla poseía el monopolio del comercio americano, y numerosos mercantes ingleses, franceses y holandeses utilizaban los puertos del oeste de la Española para evadir la prohibición española e introducir sus productos en las colonias. La población participaba del lucrativo negocio, y fue en aquellos tiempos cuando la isla de Tortuga comenzó a erigirse como el puerto favorito de los contrabandistas.
Las accidentada geografía de Tortuga y su clima benigno no tardaron en convertirla en el refugio favorito de los primeros piratas caribeños.
El rey Felipe III, alertado por la situación en La Española, ordenó al gobernador Antonio de Osorio el desalojo obligatorio de todos los habitantes de la mitad occidental de la isla en 1605. Los habitantes fueron forzados a abandonar sus hogares, haciendas y ganados para trasladarse a las localidades de Bayagua y Monte Plata, en el este de la Española, actual República Dominicana.
la llegada de los bucaneros
A finales del siglo XVI, una comunidad de piratas franceses e ingleses se asentó en la isla de San Cristóbal (actual Saint Kitts) y se dedicó a rapiñar el Caribe hasta que el almirante Fradique de Toledo logró expulsarles en 1629. En busca de un nuevo puerto, los piratas desembarcaron en el desierto occidente de La Española y encontraron una tierra rica y poblada por cientos de cabezas de ganado abandonadas a su suerte por los españoles veinte años atrás.
Los piratas que decidieron asentarse en el oeste de La Española, a sólo unas millas de la isla de Tortuga, recibieron el nombre de bucaneros. Su economía residía en capturar las reses cimarronas y vender su carne y cueros a los barcos que atracaban en Tortuga para intercambiar sus mercancías. También en Tortuga se instalaron los filibusteros, hombres dedicados en exclusiva a la piratería a pequeña escala.
La isla de Tortuga prosperó durante la actividad de filibusteros y bucaneros, tanto, que Francia puso los ojos en ella como un posible puesto avanzado en el Caribe. Con motivo de la Guerra Franco Española (1635-59), el capitán galo Le Vasseur tomó el mando en Tortuga en 1640 y promovió la actividad de los filibusteros contra los galeones españoles. Así comenzó la edad dorada de Tortuga y también su leyenda.
Los piratas y filibusteros instalados en Tortuga al amparo de las autoridades francesas protagonizaron continuos ataques contra las posesiones españolas en el Caribe durante la segunda mitad del siglo XVII. El saqueo de Maracaibo liderado por el pirata Henry Morgan en 1666, así como las expediciones contra Panamá, Campeche y la lejana Guayaquil convencieron a España de que era necesario expulsar para siempre a los piratas de Tortuga.
La misión, sin embargo, no resultaba sencilla debido a la organización interna de los piratas y el apoyo que les brindaban Francia e Inglaterra. Los filibusteros de Tortuga fundaron la Cofradía de los Hermanos de la Costa, una sociedad de capitanes corsarios e independientes que regulaba los ataques contra los galeones españoles y garantizaba el reparto ecuánime del botín.
barco pirata
La Cofradía de los Hermanos de la Costa estuvo vigente entre 1640 y 1730, y sus leyes promovían la igualdad de todos los piratas. En Tortuga no existía la propiedad individual, ni las distinciones por raza y religión, y además se garantizaba un subsidio a quienes fuesen heridos durante las acciones de piratería.
El Tratado de Madrid (1670) significó la paz entre España e Inglaterra a cambio del reconocimiento de Jamaica como colonia británica. La isla de Tortuga continuó su papel como nido de los filibusteros y bucaneros de La Española, pero la paz entre España e Inglaterra frenó durante años los saqueos en el Caribe.
Frente a la isla de Tortuga, Francia había logrado colonizar el occidente de La Española y sus plantaciones atrajeron a numerosos filibusteros, bucaneros y antiguos esclavos. Después de mucho tiempo, España no era la única interesada en acabar con la piratería en Tortuga, y tanto Francia como Inglaterra combatieron a los filibusteros hasta reducir su flota y alejarlos de sus puertos.
La isla de Tortuga volvería su edad dorada durante un breve periodo de tiempo, nada más finalizada la Guerra de Sucesión Española. Las tripulaciones de los navíos españoles, franceses e ingleses implicados en la contienda se encontraron sin oficio, y muchos decidieron convertirse en piratas. Tortuga viviría un breve renacimiento, pero la preferencia de los capitanes por los puertos de las Bahamas sellaría su final como gran hogar de los piratas.














