Trump se burla de Jesucristo y la derechona mira hacia otro lado
AD.- Hay ocasiones en los que no basta con observar, ni siquiera con discrepar en privado. Callar equivale en ocasiones a ceder terreno, a normalizar lo inaceptable. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy ante las palabras y actitudes de Donald Trump.
No se trata ya de una cuestión ideológica o partidista. No es izquierda contra derecha. Es algo más básico: respeto, coherencia y límites. Cuando alguien como Trump utiliza la religión como herramienta política mientras desprecia los valores más elementales que dice defender, no estamos ante fe, sino ante manipulación.
Trump ha cruzado líneas que antes parecían infranqueables. Ha trivializado lo sagrado, instrumentalizando a Dios como si fuera un eslogan de campaña más, vacío de contenido, útil solo para movilizar emociones. Y lo más grave no es únicamente lo que dice, sino lo que representa: una degradación del discurso público donde todo vale si genera aplausos.
Hay algo sin embargo aún más preocupante: el silencio de buena parte de lo que Paco Umbral llamó la derechona. Ese mutismo incómodo, esa mirada hacia otro lado, ese cálculo político que pesa más que los principios. ¿Dónde están ahora quienes hablaban de valores? ¿Dónde queda la defensa de lo sagrado, del respeto, de la moral que tanto reivindican?
Callar en este caso es permitir y legitimar. Es decir, sin palabras, que todo esto es aceptable si sirve a un objetivo mayor. Y ese es el verdadero problema: cuando los principios dejan de ser principios y se convierten en herramientas desechables. La moral selectiva no es solo patrimonio de la izquierda.
No se puede invocar a Dios mientras se tolera su uso como arma política. No se puede hablar de valores mientras se aplaude o se ignora su destrucción. Y no se puede exigir respeto al Cristianismo cuando uno mismo decide callar cuando Donald Trump, en el colmo de su delirio, publica en Truth Social una imagen que lo representaba como una figura idéntica a Jesucristo sanando a un enfermo.
La derechona más fanática, esa que prefiere a Netanyahu antes que a los españoles, y a Trump antes que al propio Papa, y a Sánchez antes que a Feijóo, ha cruzado una línea peligrosa, ya que no se trata de valores, ni de fe, ni de principios, sino de una devoción casi ciega a una figura política cada día más errática y desconcertante. Han sustituido el mensaje espiritual por el culto a Trump, convertido en una especie de ídolo intocable, por encima incluso de aquello que dicen defender como sagrado. Es una contradicción brutal: hablan de Dios, pero actúan como si su verdadera lealtad estuviera en un líder terrenal, imperfecto y profundamente divisivo.
Esa inversión de prioridades no solo vacía de sentido su discurso religioso, sino que revela una deriva inquietante donde la política deja de ser herramienta y se convierte en dogma, hasta el punto de poner a Trump por encima de Dios.












Pronto pagara por sus blasfemias.
¿Dónde está la querella de Abogados Cristianos ante esta blasfemia?
eso es poco! deja que se entere la gente que melania tuvo una hija con epstein a los 16 anios!
Alerta Digital a veces tarda un poco en ver ciertas realidades. Me alegra que por fin hayan publicado este artículo como este.
Sabiendo que los evangelistas son sionistas cristianos ¿Alguien puede demostrar que Trump no es sio nista)
“Por sus actos les conoceréis”…Sólo son bravuconadas, luego todos beben del mismo abrevadero…
trump no es evangelista ,el es un satanista!