¿Trump busca subordinar a Europa o fueron los europeos quienes se suicidaron?
Marcelo Duclos.- La situación de Groenlandia y el reeditado interés de Donald Trump de sumarla a los Estados Unidos abrió un nuevo cortocircuito público entre el mandatario norteamericano y su par francés, Emmanuel Macron. El líder republicano hizo público un mensaje del europeo en sus redes sociales. Allí, Macron le aseguraba sintonía sobre Irán y Siria, pero indicó que comprendía sus deseos relacionados a Groenlandia. No es la primera vez que Trump comparte con el mundo sus intercambios con el francés. En una oportunidad, incluso lo imitó mientras repetía sus dichos.
En las últimas horas, y en plena escalada entre ambos, Trump dijo que Macron dejaría su puesto pronto y si no colaboraba, EEUU pondría un arancel del 200 % a los vinos y el champagne francés. La respuesta no se hizo esperar y, desde Davos, el jefe de Estado de Francia aseguró que el gobierno presidido por el neoyorkino deseaba «subordinar» a Europa. ¿Quién tiene razón?
Por un lado, los modos de Trump no son nuevos. Mucho menos en este segundo y último mandato donde hace lo que se le antoja y encima se divierte. Sin embargo, la posición de debilidad de Europa también es una realidad y ni Trump ni los Estados Unidos tienen nada que ver con esto. Sus principales potencias, sobre todo en el sector de lo que fue la Europa «libre» en los años de la cortina de hierro, han tomado decisiones insólitas, que devaluaron una posición de poder que podría tener el viejo mundo y de la que hoy carece.
Si para Macron percibir aranceles en uno de sus principales productos de exportación es una pésima noticia (como lo es), hubiera actuado diferente cuando boicoteó personalmente el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Sabiendo que contaba con mercados estables que demandaban su producción, el mandatario francés prefirió escuchar al pequeño lobby agricultor de su país, perdiendo la oportunidad de, por ejemplo, ubicar sin aranceles sus vinos y champagne en América Latina. Si este tratado se hubiese materializado hace muchos años, cuando se firmó inicialmente en términos generales, hoy Macron no estaría con «una pistola en la cabeza» dependiendo del mercado norteamericano. Si bien la actitud de Trump puede ser considerada extorsiva, que Francia no tenga muchos más mercados a disposición, padeciendo una eventual dependencia a uno de sus principales socios, es responsabilidad de las actuales autoridades francesas.
Pero ese no es el único caso de una potencia europea que pensó en «chiquito». El reciente accidente ferroviario en España (del que, mientras pasan las horas, se va comprobando la mala praxis de gestión gubernamental) es la muestra de otro país que decidió emprender el camino de un tercermundismo voluntario. Uno de los principales faros europeos, por irresponsabilidad del socialismo gobernante, que tuvo la peor versión de la centroderecha como oposición, terminó de aliado del chavismo venezolano, sumergido en una decadencia elegida por los españoles.
El «motor» de esta Unión Europea, la pujante Alemania, dejó de ser motor y de ser pujante. Entre los delirios más grandes de toda la historia política mundial, sin dudas debe figurar la decisión unilateral de apagar las centrales nucleares, quedando al servicio de la energía rusa. Otro caso de subordinación y dependencia voluntaria, de un país cuya clase política fue infiltrada por el mismo Kremlin, que posicionó la «agenda verde» para conseguir exactamente lo que consiguieron: un suicidio inexplicable, que eligieron los alemanes en soledad y sin ayuda de nadie.
La política alemana, que fue cooptada por el insulso homogéneo del globalismo actual hizo que el país vaya sin rumbo, desacelerando su crecimiento ininterrumpido desde lo que se conoció como el «milagro alemán». La insólita «gran coalición» CDU-SDP («conservadores» y socialdemócratas), que terminó generando la desaparición del FDP (partido liberal que abandonó todos sus principios fundacionales) ha sido el clavo de un ataúd que, como los franceses y españoles, construyeron ellos solos.
Las políticas in migratorias podría haber afectado a estos países para siempre. A diferencia de estas viejas potencias occidentales, países más humildes como Polonia demostraron que se pueden hacer las cosas distintas.
Resumiendo, Trump es Trump y sus últimos años de gobernante lo mostrarán exacerbado. Ahora, Europa está en una situación de fragilidad por decisión de las elites gobernantes y gran parte del electorado europeo. Eso también es una realidad.











