Un adiós a Chuck Norris

El actor y artista marcial estadounidense Chuck Norris saluda al público durante la gala de inauguración del 15º evento benéfico Shoe Box en el estadio deportivo Papp Laszlo de Budapest, Hungría, el 24 de noviembre de 2018
Carlos Flores.- Chuck Norris no está muerto. No, no, no. Eso que está rodando como un Ferrari sin frenos en las redes sociales, es falso. Fuera de total contexto. Repito, Chuck Norris no está muerto… la Muerte, la Parca, finalmente decidió retirarse, y convocó al único inmortal que podía llenar sus zapatos: Chuck Norris, obviamente. Y eso fue lo que pasó.
Este viernes 20 de marzo de 2026, el maestro de maestros; héroe entre héroes, se fue de esta dimensión a ocuparse de los grandes asuntos del universo. Su familia posteó un comunicado en redes sociales y el planeta Tierra está de luto ante su partida. El jueves 19 de marzo, Norris fue hospitalizado en Hawaii, donde disfrutaba los placeres de la vida en su enorme rancho, tras una existencia que elevó al grado de legendaria.
Ciertamente, Chuck era, es y será, sinónimo de “leyenda”. ¿O de qué otra forma podemos referirnos a un tipo que debutó en el cine en 1972, en el filme The Way of the Dragon, y solo le bastó una escena para que su nombre fuera conocido mundialmente. Bueno, esa única escena fue un combate histórico contra otro inmortal, Bruce Lee. ¡Dios Santo!, qué tiempos tan maravillosos. Cierro los ojos un instante y ahí está, en cámara lenta: Norris, campeón mundial de Kárate, enfrentando a la representación humana del Kung Fu, Bruce Lee. Aquello fue tan increíble que no se requirió otra escena o diálogos… nada, entre golpes y patadas contra Bruce Lee, se selló, en fuego, sudor y sangre, el camino a la grandeza de ese sujeto nacido en Ryan, Oklahoma, el 10 de marzo de 1940, con el nombre de Carlos Ray Norris, pero que todos conoceríamos como “Chuck”.
Su legado cinematográfico es único. Icono de las cintas de acción, pero siempre un outlaw, un forajido muy distante de Schwarzenegger o Stallone. Y es que Chuck Norris no necesitaba de musculatura exagerada, ni de interpretar roles extremos. No sólo “podría”, sino que afirmo, siempre interpretó a un solo personaje: el héroe solitario; el que estará en calma bajo la presión, bajo la guerra, bajo cualquier amenaza y acabará todos; a mano limpia o todas las balas que tenga encima.
Resumir su filmografía, y hacer honor a la misma, llevaría a escribir un enorme libro, impreso con detalles, memorabilia y situaciones alucinantes, pero en definitiva su panteón de largometrajes siempre estará encabezado por
películas como: Code of Silence (1985); Lone Wolf McQuade (1983): donde interpretó el personaje que en futuro sería germen de la serie Walker, Texas Ranger; Missing in Action (1984, y sus dos secuelas); la soberbia Delta Force (1986); Sidekicks (1992); Silent Rage (1982); Invasion U.S.A. (1985); Octagon (1980); A Force of One (1979) y la lista sigue y sigue.
¿Y quién le salvó la vida a ese grupete de armas ambulantes conocidos como The Expendables, cuando tenían los segundos contados?, el lobo solitario, Chuck Norris, quien recordó cómo una cobra lo había mordido… y luego, la serpiente murió al no soportar el veneno de la sangre de Chuck.
En un mundo colapsado por escándalos, ídolos rotos, ruido innecesario y caos en cada continente… sin mencionar una industria del entretenimiento tan excitante como un torneo de bingo en un asilo, Chuck Norris siempre se mantuvo a raya: interpretando personajes valientes, que te subían ánimo, inyectaban adrenalina y, al igual que el actor que les daba vida, generaban una rara empatía. Por ello, Chuck Norris (y puedo repetir su nombre hasta que me toque acompañarlo donde sea que esté), no es un referente de Hollywood… Chuck Norris no necesita a Hollywood… Chuck Norris es su propio Hollywood.
¡Que sigan las batallas en el infinito, Chuck!











