El tiro en el pie de Sánchez a las empresas españolas con Trump solo puede arreglarlo un cambio de Gobierno
El enfrentamiento de Sánchez con Trump por interés exclusivamente electoral del presidente español ha tenido esta semana una vuelta de tuerca que lo ha convertido en una guerra, pero en este periódico hace tiempo que advertíamos de que desde allí no nos miraban bien.
Nada más aterrizar de nuevo Trump en el poder, en noviembre de 2024, publicábamos este artículo. En él comentábamos en exclusiva el encuentro online al que un influyente economista español había asistido con uno de los tres principales responsables de política internacional del presidente de los Estados Unidos.
El responsable explicaba que allí tenían a Sánchez como un enemigo por tres motivos: su apoyo a Palestina frente a Israel, cuando el segundo es un aliado incondicional de EEUU, y también a Hezbolá y Hamás en el conflicto de Irán contra Israel; los viajes de Sánchez a China y su campaña para que la Unión Europea le quite los aranceles, ofreciéndose él como intermediario; y el apoyo del actual Gobierno español a regímenes de izquierdas en Iberoamérica que en Estados Unidos consideran una amenaza para ellos, y que además están apoyados por China, Rusia e Irán.
En Estados Unidos saben todo esto. Incluso el predecesor de Trump, Joe Biden, no mostraba gran cercanía con Sánchez, como lo demostró la suspensión del envío de gas natural licuado desde Estados Unidos a España en 2024.
Sánchez ha dado esta semana otra vuelta de tuerca más con su No a la guerra, buscando el voto de la izquierda, y obviamente está metiendo en un lío a las más de 10.000 empresas españolas que venden en Estados Unidos. Estados Unidos es el principal destino inversor de las empresas españolas, con más de 80.000 millones de euros invertidos allí, y Estados Unidos es el principal inversor internacional en España.
Entre el martes y el miércoles, cuando se produjeron las declaraciones de Sánchez, había un gran desconcierto e indignación entre las empresas españolas, expresado también a través de la patronal: «CEOE, Cepyme y ATA quieren mostrar su profunda preocupación ante la posibilidad de que EE.UU. rompa sus relaciones comerciales con España. Como en ocasiones anteriores, queremos poner en valor que EE.UU. es un país amigo y un socio fundamental desde un punto de vista económico y político, y confiamos en que finalmente nuestras relaciones comerciales no se vean afectadas de ninguna manera».
El mismo miércoles, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, se apresuraba a afirmar que las relaciones de España con Estados Unidos se arreglarían pronto. La entidad que dirige está en medio del proceso de compra del banco americano Webster, y ve aquel país como su principal foco de crecimiento.
Las entidades financieras, las empresas agroalimentarias, energéticas, de infraestructuras o de defensa, como Indra, están temblando, porque el lío en el que les ha metido Sánchez puede salirles caro.
También a nivel país puede salirnos muy mal. Un embargo como el de Cuba no parece que vaya a ocurrir porque EE. UU. tendría que hacerlo a toda la UE, pero la legislación estadounidense contempla que pueden cortar relaciones comerciales con los países a los que consideren una amenaza, y ya han empezado a salir noticias de la venta de material armamentístico desde España a Irán, aunque sean de hace unos años. Si quieren perjudicar las ventas de productos españoles en su país, encontrarán modos de hacerlo.
Si cortaran relaciones comerciales con nosotros, podría haber otros efectos colaterales. Si se nos ve como un enemigo de Estados Unidos, ¿quién va a querer invertir en España?
Por otra parte, si decidieran cortarnos el gas natural licuado, del que son nuestro principal suministrador, tendríamos una crisis energética y los precios se dispararían: «En el mejor de los casos, cambiar de suministrador nos costaría el triple», señala el economista Daniel Lacalle, experto en el mercado energético.
El lío en el que nos ha metido Sánchez es de grandes dimensiones, y solo puede arreglarlo un cambio de Gobierno. De momento, las empresas están haciendo todos los esfuerzos diplomáticos posibles para que la situación no les penalice. También PP y Vox están hablando con el Gobierno estadounidense para dejarle claro que lo que dice Sánchez no es lo que piensan todos los españoles: que no ha ganado las elecciones y que es rehén de los partidos de izquierda.
Hasta ahora, Vox era el único partido español que tenía relación con los republicanos de Estados Unidos. El PP ha reaccionado y ha tendido puentes, como lo demostró la conversación de hace una semana entre Alberto Núñez Feijóo y el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
Más nos vale que calmen las aguas, y lo normal es que se consiga. Como nos explicaba el exministro de Defensa Eduardo Serra en esta entrevista, Estados Unidos mantiene con España una relación muy buena desde hace mucho tiempo, y tiene motivos de peso para darnos prioridad frente a Marruecos. «Creo que Estados Unidos no nos cambiará por Marruecos», señala. Primero, porque ahora están Trump y Sánchez, que tienen una mala relación, pero después vendrán otros; y segundo, porque Estados Unidos decide los lugares donde quiere estar a partir de un análisis más profundo y con una visión más a largo plazo, según la afinidad que tenga con ese país: «España es un país europeo, cristiano y democrático. Marruecos no es europeo, cristiano ni democrático. Yo creo que Estados Unidos no nos cambiará por Marruecos», se reafirma.
Y en cuanto a Rota, indica en esta misma entrevista que, en su opinión, es hoy en día una base más importante que la de Nápoles, que fue la segunda que abrió la OTAN tras la II Guerra Mundial. Serra, por tanto, confía en que la visión a largo plazo de los estadounidenses deje las cosas como están, pero, estando Trump por medio, nunca se sabe qué puede pasar.
El Debate












