El primer viernes de marzo tiñe Madrid de fervor: besapiés y besamanos marcan la antesala de la Semana Santa
La lluvia ha sido protagonista en la jornada de este primer viernes de marzo, pero no ha logrado amainar el fervor de los madrileños.
Durante todo el día, cientos de devotos han recorrido las calles del centro de Madrid para participar en una de las tradiciones más arraigadas del calendario cofrade: el besapiés y besamanos del primer viernes de marzo, una cita que cada año congrega a fieles en distintos templos de la capital para venerar a sus imágenes más queridas.
En el corazón del barrio de las Letras, la Iglesia del Santísimo Cristo de la Fe ha acogido a lo largo de toda la jornada el tradicional besamanos de Nuestro Padre Jesús del Perdón, titular de la Hermandad del Silencio..
Los fieles, protegiéndose de la lluvia con paraguas, no han querido perderse la oportunidad de besar la mano de esta imagen, obra del escultor Víctor González Gil realizada en 1945, que se incorporó como cotitular de la Hermandad en 2014 tras décadas procesionando en la Procesión del Silencio. Cada Domingo de Ramos, esta talla recorre las calles del barrio de las Letras para abrir los desfiles penitenciales de la ciudad
A escasos metros, en la histórica Iglesia de San Pedro El Viejo, la devoción se ha manifestado en forma de besapiés durante todo el día. La imagen de Jesús El Pobre, con sus raíces en una congregación de esclavos de principios del siglo XIX, ha recibido el respeto y la oración de cientos de personas que han hecho cola bajo la lluvia para acercarse a la talla.
La historia de esta cofradía, que perdió su archivo durante la Guerra Civil y fue reorganizada en 1940, resuena cada año con más fuerza entre sus seguidores. La imagen, que procesiona cada Jueves Santo, es una de las más carismáticas de la Semana Santa madrileña.
Simultáneamente, la Real Colegiata de San Isidro ha sido escenario durante todo el día del besamanos a Jesús del Gran Poder, una imagen que comparte con El Pobre la jornada del Jueves Santo.
La talla recorrió durante más de cinco horas las emblemáticas calles del Madrid de los Austrias, manteniendo viva una tradición que cada año reúne a miles de personas en su estación de penitencia.
Más allá del acto devocional, esta jornada supuso el pistoletazo de salida espiritual hacia la Semana Santa. La jornada no solo fortalece la unión entre los madrileños, sino que reafirma su identidad cultural y espiritual.
En cada beso, en cada oración, resuena un eco de historia, fe y comunidad que sigue muy vivo en el corazón de Madrid. Una ciudad que, un año más, demuestra que la tradición no entiende de lluvia ni de épocas, sino de fe y sentimiento.











