Lo que el rey que entregó el Sáhara planeaba en Ceuta y Melilla (Videocomentario de Joaquín Abad)
Hay informaciones que obligan a revisar la historia. No porque cambien los hechos que ya conocemos, sino porque permiten entender mejor lo que había detrás de determinadas decisiones. Javier Chicote publicó ayer en Artículo14 una revelación extraordinariamente incómoda sobre Juan Carlos I y su manera de contemplar el futuro de Ceuta y Melilla.
Según las anotaciones manuscritas del teniente general Emilio Alonso Manglano, entonces director del CESID y hombre de absoluta confianza del monarca, el 2 de noviembre de 1984 Juan Carlos le habló de las dos ciudades españolas del norte de África. La frase que Manglano dejó escrita resulta difícil de ignorar: «Melilla no es muy defendible». «Hay que preparar para negociar Melilla».
Estamos hablando del jefe del Estado, del capitán general de los Ejércitos y del hombre que durante décadas mantenía una relación personal y privilegiada con Hassán II.
El problema comienza cuando aquella conversación de 1984 deja de aparecer como un hecho aislado. Porque cinco años antes ya había sucedido algo parecido.
Un telegrama secreto de la Embajada de Estados Unidos, desclasificado, recogió una conversación mantenida en 1979 entre Juan Carlos I, un senador norteamericano y el embajador estadounidense, donde el Rey consideraba posible entregar Melilla a Marruecos a medio plazo y veía para Ceuta una fórmula de internacionalización semejante a la que había existido en Tánger. Una cosoberanía Marruecos España. Se trata de una línea de pensamiento mantenida durante años. Y aquí es donde resulta inevitable regresar a 1975.
El 2 de noviembre de 1975, Franco agonizaba y Juan Carlos ejercía como jefe del Estado en funciones. Voló inesperadamente a El Aaiún donde se reunió con los mandos militares españoles y pronunció una arenga que aquellos soldados jamás olvidarían. Les aseguró que se haría lo necesario para que el Ejército conservara intactos «su prestigio y honor». España, añadió, cumpliría sus compromisos internacionales.
Para los militares desplegados en el Sáhara aquellas palabras significaban que España no los abandonaría, no permitiría que Marruecos se quedara con lo que consideraban una provincia española.
Doce días después, el 14 de noviembre, España, Marruecos y Mauritania firmaban los Acuerdos de Madrid, o lo que en realidad era la entrega a Hassán II del Sáhara español.
Esto es precisamente lo que hace tan importante la información que ahora publica Javier Chicote, que nueve años después del Sáhara, Juan Carlos seguía contemplando la soberanía española en el norte de África desde una lógica negociadora: Melilla podía ser difícil de defender y había que prepararse para entregarla a Marruecos.
Hay una pregunta que España lleva medio siglo evitando.
¿Qué se negoció con Marruecos durante todos aquellos años?
¿Qué compromisos se pactaron entre la Zarzuela y los servicios de inteligencia de Hassán II?
Porque en 1975 los militares destinados en El Aaiún escucharon palabras de firmeza y pocos días después comprobaron que habían sido traicionados por su jefe supremo.
En 1979, documentos norteamericanos atribuyeron al Rey la posibilidad de ceder Melilla.
En 1984, Manglano escribió que Juan Carlos consideraba que había que prepararse para negociarla.
Lo que hay que preguntarse, tras la invasión de Ceuta el 30 de julio, es si todo forma parte de acuerdos secretos entre el Estado español o son compromisos del Partido Socialista agradeciendo a Marruecos que el 11-M les facilitara su regreso al gobierno de España.











