La «tortura» de llegar a fin de mes: el coste de la vida se desboca un 27% con Sánchez
Desde que Pedro Sánchez llegó a Moncloa en junio de 2018 hasta julio de 2026, los precios en España se han encarecido un 26,4% acumulado, según los datos del INE. Si se suma el repunte de agosto, la cifra ya supera el 27%. Traducido a la economía doméstica: cada 100 euros ahorrados hace ocho años valen hoy menos de 79 en capacidad de compra real. Esa es, en una sola cifra, la fotografía de un país que se ha empobrecido año a año pese a la bonanza macroeconómica.
La inflación, según el Gobierno, siempre ha sido resultado de crisis exteriores, pero los datos desmontan el relato. Los shocks externos -la guerra de Ucrania primero, la tensión en Irán después- son innegables, pero eso no explica que España sufra sistemáticamente más inflación que sus vecinos, expuestos a los mismos shocks.
España encadena ya casi año y medio con un IPC por encima de la media de la eurozona, y el avance de agosto situó la tasa interanual en el 4,3%, siete décimas más que en julio y el nivel más alto desde febrero de 2023, impulsado por los carburantes. El gasóleo está en 1,8 euros/litro, un 50% más que los 1,23 euros de junio de 2018. Según datos de Eurostat, el IPC de España escaló en agosto hasta el 4,5%, frente al 3,3% de media en la zona euro, situando a nuestro país como el cuarto Estado con mayor encarecimiento de los precios, solo por detrás de Lituania, del 5,8%, Chipre, del 5,2%, y Bulgaria, del 5,1%. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, también repunta. El transporte, la alimentación y la vivienda suben con fuerza y han escalado muy por encima del 27% acumulado bajo este Gobierno.
Lo más grave es que esta erosión del poder adquisitivo no se ha visto compensada por los salarios, que en términos reales han retrocedido de forma notable en este periodo. Mientras tanto, la recaudación se beneficia de una inflación que el Ejecutivo no ha querido corregir vía deflactación del IRPF.
Con este diagnóstico, la gran pregunta ya no es solo quién ganará las próximas elecciones, sino qué recibirá el vencedor. Si Alberto Núñez Feijóo llega a Moncloa, no heredará una economía que va “como un cohete”, como pregona Sánchez, sino una sociedad exhausta tras años de encarecimiento sostenido. Deshacer ese daño acumulado llevará mucho más tiempo del que ha costado provocarlo. Esa es la verdadera herencia que Sánchez dejaría sobre la mesa: un empobrecimiento estructural.
La Razón











