¿Los incendios tienen ideología?
Francisco Marhuenda.- Una de las características de la izquierda es que todo lo utiliza de forma partidista. No hay más que leer los artículos, la orientación de las informaciones y escuchar las declaraciones, por ejemplo, sobre los incendios y sus causas. Ahora todo se reduce al cambio climático. Los pirómanos deben ser agentes al servicio de la ideología woke, así como los desaprensivos que buscan beneficios económicos o los imprudentes e irresponsables que están en el origen de algunas catástrofes. Me gusta escuchar a los pijoprogres dar lecciones, sobre todo desde sus casas o pisos de lujo. Ahora se han aprendido esa idea de los incendios de nueva generación o que, sin el cambio climático, supongo, los bosques no arderían. Me imagino que la desertización del Sáhara, que antes era un vergel, debió ser consecuencia del cambio climático. Durante milenios, ha ido cambiando la Tierra hasta que los listillos de la izquierda descubrieron el multimillonario negocio que se ha generado alrededor de esa verdad revelada que repiten como cotorras. El propio Sánchez, el gran gurú del Grupo de Puebla, se ha convertido en un apóstol que utiliza este comodín siempre que tiene ocasión. Los que no están de acuerdo son unos ignorantes y tienen que callarse.
No hace tanto tiempo era un gran reformista de la democracia, el adalid en la lucha contra la corrupción y un desaforado feminista, porque esas serían las señas identitarias de esta nueva izquierda patria que conocemos como el sanchismo. Es tan demócrata que impuso la amnistía que los constituyentes descartaron e incluso prohibieron los indultos generales, pero no hay nada como tener a su servicio a un felón como Conde-Pumpido para que pretendan que comulguemos con ruedas de molino. Nunca imaginé que vería a un magistrado del Tribunal Supremo traicionando el espíritu y la letra de nuestra Carta Magna, aunque la Historia está llena de juristas, incluso algunos brillantes y dotados de una gran preparación, que se pusieron al servicio del poder hasta alcanzar cotas realmente abyectas. A veces peco de ingenuo y lo hice cuando confié en que Conde-Pumpido era un hombre de Estado. El regeneracionismo de Sánchez lo hemos visto con sus incumplimientos de la Constitución, su desprecio por el mérito y la capacidad, el capitalismo de amiguetes, el enriquecimiento de los lobistas y el abusivo uso de los medios públicos de forma personal y partidista.
En lo que hace referencia a la corrupción, creo que la gente honrada está alucinada ante la sucesión de escándalos que estamos viviendo. Me sorprende, no lo digo irónicamente, el comportamiento de los periodistas que minimizan o justifican este lodazal. Desde luego, el socialismo no se merece tener estos representantes que han actuado como una auténtica horda de bárbaros dispuestos a conseguir el botín a cualquier precio. Nos hemos acostumbrado a que tuviera que acudir a gente poco formada para ocupar los ministerios, altos cargos de la Administración y la dirección de las empresas públicas, pero el nivel alcanzado es realmente asombroso. A estas alturas, ser ministro o alto cargo ha perdido el prestigio que tuvo antaño. Desde las Cortes de Cádiz es imposible encontrar un nivel colectivo tan lamentable y quien diga lo contrario es que desconoce la Historia de España. Por supuesto, hay alguna excepción, pero son eclipsados por los Puente, López, Marlaska o Morant.
En el tema del feminismo, Sánchez todavía no ha dado una explicación sobre los negocios de prostitución masculina y femenina de la familia Gómez. Es una cuestión sórdida y reprobable, pero en cualquier democracia de nuestro entorno se habría visto obligado a explicarlo. He de reconocer que desconocía esta realidad y en cierta ocasión hablamos sobre su suegro en su despacho del partido sin que pudiera imaginar de dónde provenía su fortuna. Desde luego, no le importará mi opinión, pero hasta que llegaron la amnistía, los incumplimientos constitucionales y los escándalos, mi opinión, desde las discrepancias ideológicas, era otra muy distinta. En el caso de la afición de Ábalos y otros personajes a la prostitución, no le puedo culpar, aunque resulta muy triste lo sucedido. Lo éticamente correcto es aceptar su afirmación de que no sabía nada. No me gusta caer en el ciego sectarismo que aplica la izquierda política y mediática.
Finalmente, tenemos el cambio climático. La simplificación woke ha conducido a dividirnos entre creyentes y negacionistas. Es evidente que la presencia del hombre influye en el medio ambiente, pero rechazo las teorías de la secta climática y el enorme negocio que ha organizado para enriquecerse. Es fácil recordarle a Sánchez y tantos otros su incoherencia en el uso de medios de transporte contaminantes. El rey del Falcon debería plantearse actuar como sus colegas socialdemócratas europeos en estas cuestiones, así como en el uso de las viviendas oficiales como si fuera un nuevo rico ávido de epatar con su ritmo de vida. Es bueno dar un ejemplo de austeridad. La Historia está llena de incendios devastadores. Unos por causas naturales y otros provocados por el hombre. No hay más que ver el efecto de los conflictos bélicos. La diáspora del campo a las ciudades hace que haya menos gente dispuesta a prevenir en invierno los incendios que llegan en verano. A esto hay que añadir la ciega cerrazón de los ecologistas, que han impuesto sus ideas en las leyes, impidiendo que se puedan realizar las actuaciones eficaces destinadas a la prevención. No tenemos recursos infinitos y es bueno recordar, ahora que estamos inmersos en un verano desastroso, lo que está sucediendo en Francia o lo que se repite, con monótona insistencia, en California. En este sentido, sería bueno despolitizar esta cuestión, aunque hago gala de una enorme ingenuidad cuando el próximo año tendremos elecciones municipales y autonómicas y, previsiblemente, generales. El medio ambiente seguirá siendo objeto de lucha partidista, porque es uno de los pocos asuntos que puede ser manipulado por el colectivo woke, encabezado por Sánchez.











