Sánchez y el voto informado
Juan Van-Halen.- Sánchez reitera que será candidato en unas próximas elecciones. Si llegan a celebrarse, asunto, a mi juicio, bastante dudoso. El pueblo tendría la palabra, no sabemos si a la búlgara, como se decía antes, o a la venezolana como se constató más tarde. Se afirma, desde un buenismo ingenuo, que «el pueblo nunca se equivoca», que su voluntad no yerra. Pero no es así. La democracia sólo es «el menos malo de los sistemas políticos», según la definición atribuida a Churchill. Nada más y nada menos. Pero, como tal, está expuesto a manipulaciones y engaños. Por algo últimamente Sánchez se pregunta si la oposición reconocerá los resultados. Cree tenerlo amarrado.
En el voto pesa, o debería, la información de los votantes. El voto informado. Si quienes han de decidir no cuentan con un conocimiento veraz de la realidad que refleja la conveniencia del interés general, la elección tendrá un vicio de origen. A veces la realidad es manipulada. Recuerdo unas elecciones en las que los votantes recibieron machacona y desvergonzadamente el mensaje de que España iba bien, que estábamos en la «Champions League» de la economía mundial, que nuestro sistema financiero era fuerte, y tildaban a quienes opinábamos lo contrario de antipatriotas, agoreros, y locos de atar. El tiempo desveló la falsedad. La demagogia y la mentira son la desinformación misma.
El sanchismo nos presenta un país de las maravillas trastocando cifras, falseando el número de parados y mezclando churras con merinas, gracias a la manipulación de Yoli, la chulísima, y su riego de pasta a unos sindicatos calladitos y quietecitos. Yoli merece un destino cómodo y bien remunerado por esos mundos; en Fene no lo podía soñar. Más a la izquierda el mensaje es claro; generalizando: apuesta absoluta por lo público. Las experiencias enseñan que ello supondría, aún más, la felicidad de los sindicatos, el engaño de los ciudadanos, la dimensión exagerada del sector público, más déficit, más deuda, la huida de capitales, la parálisis inversora, y, en definitiva, más paro.
Desde la oposición, Partido Popular y Vox, proponen al votante otras fórmulas que se han reflejado en decenas y decenas de iniciativas parlamentarias votadas en contra por el sanchismo y sus ocasionales –y carísimos– socios. Mientras tantas iniciativas del Senado duermen en el cajón de Armengol. A veces, y lo considero un error, enfrentándose los dos pilares de esa oposición que, en momentos como los actuales, deberían mirarse menos el propio ombligo. No es cierto que no exista una alternativa palmaria a la política y a la ingobernabilidad que padecemos.
Vivimos un momento más que difícil: crítico. Un Sánchez acosado por la realidad y por los secretos desvelados para Marruecos por Pegasus, sería capaz de todo para apuntalarse en Moncloa, más como tabla de salvación ante la Justicia que por su narcisismo desbocado. No excluyo lo que Levitsky y Ziblatt considerarían un golpe de Estado blando. Su fracaso en Ceuta, inducido o no, con la estrategia marroquí detrás, que se irá desvelando paso a paso ante la Justicia, convierte a Sánchez en un peligroso animal herido. Desde 2022 vengo reiterando que el objetivo final de Sánchez era, y sigue siendo, la Corona. Ahora, sintiéndose acorralado, podría avanzar en esa dirección. Deseo errar en el pronóstico.
Un problema para Sánchez es el voto informado. Hay mentiras de Moncloa que ya no cuelan. Ante esas elecciones a las que Sánchez anuncia que se presentará, el votante ha vivido experiencias como para ser consciente de la realidad, de manera veraz y a nivel de calle. Desde la ineptitud mediocre y el zigzagueo del Gobierno a la bolsa de la compra o al precio de los carburantes. Y mucho más. Ya estamos escaldados. Los ministros, que a veces parecen enanitos de Blancanieves, esta vez del Puto Amo (Puente dixit), danzan al unísono alrededor de un tipo multipolar, con ciertos condicionantes patológicos.
Sólo la manía tan española, no europea, de no votar por lo que se vive sino por lo que vivieron los abuelos, explicaría, de alguna manera, los millones de votos mantenidos por el sanchismo. Y los que mantendrá. Sánchez no está KO. Que le demos por políticamente muerto es otra de sus trampas.











