Moreno y la Andalucía que progresa
Francisco Marhuenda.- La transformación que ha vivido Andalucía desde que gobierna el PP es tan positiva como espectacular. Tras décadas de gobiernos socialistas, Juanma Moreno ha desarrollado una gestión eficaz, transparente y alejada de las prácticas caciquiles que habían caracterizado a sus antecesores. Hace 20 años era impensable que algún día gobernara el centro derecha, pero llegó un cambio que antepone los intereses de Andalucía y España a la supervivencia política y las cesiones a los independentistas, los comunistas, los antisistema y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA, como hace Sánchez. El voto de cualquier andaluz merece todo el respeto, pero es fundamental que apoyar a Montero es asumir las cesiones que se harán al independentismo catalán a partir de la próxima semana.
Sánchez tiene asumida la derrota electoral en Andalucía y solo le importa mantener un suelo que le sea útil de cara a las generales. Su interés se centra en Cataluña y consolidar un bloque con los independentistas y la izquierda radical. Es lo que llama cerrar la agenda catalana. Esto pasa por favorecer al gobierno socialista catalán liderado por Salvador Illa y a ERC. El mundo sanchista se divide en buenos y malos. Como es evidente, los primeros son los que apoyan al inquilino de La Moncloa, mientras que el resto no son más que enemigos. Esto explica la reacción de Montero contra la Guardia Civil, aunque luego tuvo que rectificar el disparate de definir la muerte de dos agentes como un simple accidente laboral, y la gestión del hantavirus, convirtiéndolo, una vez más, en un instrumento propagandístico. No hay más que ver la comparecencia de Sánchez con el comunista director general de la OMS, que es un personaje mediocre y fanático que actuó como palmero del líder del PSOE. Todo indica que la estrategia de La Moncloa en Andalucía cosechará un enorme fracaso.
La candidata es muy mala, aunque tiene un ego tan enorme que produce estupor. No hay más que recordar la rueda de prensa tras abandonar la vicepresidencia, donde se definió como la mujer más poderosa de España desde la Transición. Desde luego, no necesita abuela. Con sus numerosas meteduras de pata y el estilo barriobajero que le caracteriza, ha hecho una campaña desastrosa. A esto hay que añadir los escándalos de corrupción suyos y del sanchismo.











