Montero se echa al monte
Tomás Gómez.- El PSOE no es una organización absolutamente homogénea, cada territorio tiene su propia idiosincrasia. Las diferencias tienen que ver con la realidad social de cada comunidad y con la implantación institucional que ha tenido durante el periodo democrático.
Frente a federaciones en las que el conflicto ha sido permanente, como la madrileña o la valenciana, en otros, donde los socialistas han sido hegemónicos durante años, como Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha, la organización ha tomado un fuerte carácter propio.
Pedro Sánchez ha ejercido internamente el modelo imperial, sometiendo a su mandato a todas las federaciones, imponiendo liderazgos elegidos en su despacho de la Moncloa, formando grupos parlamentarios al servicio de los intereses de la calle de Ferraz y ordenando un mensaje que secunde la estrategia del gobierno en cada momento. También Andalucía ha sido colonizada y María Jesús Montero impuesta por Sánchez, pero los socialistas andaluces conservan el carácter de los tiempos en los que eran la federación socialista más poderosa.
Siempre buscaban alineamiento con la dirección federal, pero no admitían injerencias en su estrategia regional ni en sus listas y candidatos. Desde Madrid siempre se buscaba el consenso con la región que llenaba el granero de votos y aseguraba la estabilidad interna.
Montero nunca hubiese sido la decisión de los socialistas andaluces, demasiado seguidismo de las instrucciones de Sánchez, poco predicamento interno e irrelevante socialmente. Saben que no ha dejado el escaño en el Congreso porque se da por derrotada antes de jugar el partido y ha molestado que la campaña la ha diseñado con un grupo muy reducido ajeno a la realidad andaluza. No es de extrañar que hayan saltado las alarmas con la última salida de tono de Montero, cuando se refirió a la intervención de los guardias civiles que perdieron la vida como un accidente laboral. Piensan que ha rematado la peor campaña que nunca haya realizado el Partido Socialista en territorio andaluz y que retrata a la candidata como alguien poco empático y además poco inteligente en términos estratégicos.
Pese a que han intentado que el error se olvidase, poniendo el foco en otros temas, Montero ha intentado arreglarlo, pero las consecuencias han sido aún peores porque ha puesto en evidencia que ha entrado en pánico ante la posibilidad de bajar en número de diputados, como ya indica la mayoría de los estudios electorales, cuestión que truncaría su futuro político porque imposibilitaría su vuelta a Madrid. En el entorno de partido ya se sabía lo que piensa Montero, la diferencia es que ahora lo sabe toda España.











