Feijóo se juega en Andalucía algo más que unas elecciones: su pacto con Vox en Extremadura y Aragón puede ser su tumba política
Fernando Villena.- El movimiento de Alberto Núñez Feijóo en Aragón es un error estratégico de enorme calado, que puede marcar un antes y un después en su trayectoria política. Al aceptar sin apenas resistencia las condiciones impuestas por Santiago Abascal, Feijóo no solo compromete su propio discurso, sino que dinamita uno de los principales activos electorales del Partido Popular en territorios clave como Andalucía.
Vox ha demostrado reiteradamente que no es un socio fiable ni predecible. Más que un partido con una línea ideológica coherente, funciona como un instrumento al servicio de un núcleo dirigente muy reducido, cuyos intereses marcan el rumbo sin atender a costes políticos ni institucionales. Esa falta de consistencia, unida a su tendencia a tensionar cualquier acuerdo, lo convierte en un aliado tóxico para cualquier formación que aspire a ocupar la centralidad política.
Precisamente ahí residía la ventaja competitiva del PP en comunidades como Andalucía. Juanma Moreno había logrado construir un perfil propio, moderado y transversal, en parte gracias a mantener una cierta distancia con Vox. El bloqueo de este último no era un problema: era, de hecho, una herramienta electoral potentísima que reforzaba la imagen de estabilidad y autonomía del liderazgo andaluz.
Sin embargo, el giro de Feijóo cambia las reglas del juego. Al normalizar la dependencia de Vox en Extremadura y Aragón, lanza un mensaje contradictorio que debilita el discurso del PP en otras regiones. ¿Cómo sostener ahora que se puede gobernar sin ataduras cuando en la práctica se aceptan imposiciones externas? Esta incoherencia no pasará desapercibida para el electorado.
El impacto en Andalucía puede ser especialmente grave. Las expectativas de mayoría absoluta para Moreno Bonilla se apoyaban, en gran medida, en esa imagen de buena gestión y moderación política. Si esa percepción se erosiona, el resultado puede ser un Parlamento más fragmentado y un escenario en el que Vox vuelva a ser decisivo.
Y si eso ocurre, la responsabilidad tendrá un nombre claro: Alberto Núñez Feijóo. No será fruto del azar ni de la dinámica electoral, sino de una decisión concreta que habrá reducido el margen de maniobra del PP andaluz. En política, los errores estratégicos no siempre tienen consecuencias inmediatas, pero cuando llegan, suelen ser definitivas.
Si Juanma Moreno no alcanza la mayoría absoluta, ese momento marcará algo más que un revés electoral: puede convertirse en el principio del fin del liderazgo de Feijóo, porque habrá quedado demostrado que, lejos de fortalecer al partido, su sumisión a Vox habría debilitado sus posiciones clave. En política, ese tipo de errores rara vez se perdonan.
Ni Andalucía ni Juanma Moreno merecen ser los damnificados por la incompetencia de los líderes nacionales del PP.












