Feijóo da alas a Vox y destroza la campaña de Juanma Moreno en Andalucía
AD.- Lo que ha hecho Alberto Núñez Feijóo con el pacto en Extremadura no es una jugada táctica discutible: es un error político de primer orden con consecuencias inmediatas y medibles. Y la más evidente tiene nombre propio: Juanma Moreno.
Moreno llevaba meses construyendo un relato cuidadosamente calibrado: el de un Partido Popular capaz de gobernar en solitario, sin hipotecas, sin estridencias, sin Vox. Un mensaje simple, eficaz, centrado y, sobre todo, creíble… hasta que Feijóo decidió dinamitarlo desde Madrid.
Porque el acuerdo con Vox en Extremadura no es un asunto regional aislado. Es una declaración política nacional. Es la prueba tangible de que, cuando el PP necesita a Vox, pacta con Vox. Sin matices, sin líneas rojas reconocibles y, lo que es peor, sin asumir el coste de hacerlo. Y ese coste lo va a pagar Moreno y los andaluces.
A partir de ahora, cada intervención de la izquierda en Andalucía será un recordatorio constante: “si no hay mayoría absoluta, habrá gobierno con Vox”. Ya no es una advertencia, es un hecho contrastable. Feijóo ha convertido una hipótesis en evidencia. Le ha hecho la campaña al adversario al pactar en Extremadura con un partido tóxico. Se reproduce el mismo error que cometió en 2023 al permitir a Mazón pactar con Vox antes de las generales de julio.
Más aún: ha dejado a Moreno en una posición imposible. O mantiene su discurso de autonomía y moderación —y parece ingenuo o desmentido por su propio partido— o lo adapta a la nueva realidad —y pierde el principal activo que le diferenciaba—. No hay salida limpia. Solo desgaste.
Lo más desconcertante no es el pacto en sí, sino la falta de visión estratégica. Feijóo no solo ha normalizado la dependencia de Vox: lo ha hecho en el peor momento posible, a las puertas de unas elecciones donde el PP se jugaba demostrar justo lo contrario. Es difícil encontrar una decisión peor calibrada en términos de timing político.
Y aquí es donde la crítica deja de ser táctica para volverse estructural.
Un líder nacional no está para resolver problemas territoriales a cualquier precio, sino para proteger el conjunto del proyecto político. Si para asegurar una investidura en la insignificante Extremadura compromete una mayoría absoluta en Andalucía, la pregunta es inevitable: ¿qué está priorizando exactamente Feijóo?
Porque si el resultado en Andalucía se queda por debajo de esa mayoría absoluta que Moreno tenía al alcance, la responsabilidad será directa. No difusa, no compartida, no interpretable. Directa. Y esa responsabilidad directa no dejaría a Feijóo otra opción que la dimisión.
En política hay errores. Lo que define a un liderazgo es asumir sus consecuencias. Si el PP no logra la mayoría absoluta en Andalucía, Feijóo no podrá escudarse en factores externos ni en dinámicas locales. Habrá debilitado la posición de su propio candidato en el momento decisivo. Y en ese escenario, la única salida coherente sería dar un paso atrás por responsabilidad.
Porque lo ocurrido no sería una simple derrota electoral. Sería la constatación de un fallo de liderazgo estratégico en el momento más crítico. Y un partido que aspira a gobernar España no puede permitirse errores de ese calibre sin consecuencias.
Feijóo ha querido jugar a dos tableros: beneficiarse de Vox sin pagar el precio político. Pero la realidad es menos indulgente que esa ambigüedad. Y Andalucía puede ser el lugar donde esa estrategia acabe pasando factura.












