¿Qué hay detrás del arresto de ciudadanos chinos que introducen patógenos a Estados Unidos?
Oriana Rivas.- El contrabando de material biológico desde China a Estados Unidos suma un nuevo capítulo. Youhuang Xiang, de 32 años y exinvestigador postdoctoral de la Universidad de Indiana, recibió una orden de deportación del Departamento de Justicia por una compra que resultó inusual para agentes del FBI: «Ropa interior para mujer de fibras sintéticas». Hizo el pedido desde el gigante asiático, alertando a las autoridades. Estas detectaron que el paquete ocultaba muestras de ADN de la bacteria E. coli, capaz de producir diarrea, insuficiencia renal e incluso la muerte.
La compra de ropa interior femenina desde un país lejano a Estados Unidos no fue la única alarma. El paquete procedía de Guangzhou Sci-Tech Innovation Trading, una empresa china centrada en la innovación científica y tecnológica. Aunque Xiang negó inicialmente tener conocimiento del contrabando, luego admitió que el paquete que recibió estaba mal etiquetado de forma intencionada. Durante la audiencia de sentencia del pasado 7 de abril, se reveló que el FBI descubrió pruebas de que Xiang milita en el Partido Comunista Chino (PCCh).
El caso de Xiang no es el único. En los últimos años, distintas investigaciones federales han detectado esquemas similares en la Universidad de Michigan, donde dos ciudadanos chinos fueron acusados de traficar a Estados Unidos con un hongo llamado Fusarium graminearum, causante de la «tizón de la espiga», una enfermedad del trigo, la cebada, el maíz y el arroz. A esto se suman hallazgos de laboratorios clandestinos descubiertos en Reedley, California y Las Vegas, Nevada.
Una bacteria capaz de atacar el sistema agrícola
Volviendo al caso de la Universidad de Michigan, los registros judiciales mostraron que Yunqing Jian, de 33 años, y trabajadora del laboratorio, «recibió financiación del gobierno chino para su trabajo sobre este patógeno en China». Además, los dispositivos electrónicos de la ciudadana del país asiático «contienen información que describe su afiliación al Partido Comunista chino». Su novio trabaja en una universidad china donde investigaba el mismo patógeno, según el comunicado del Departamento de Justicia.
Para ese momento, Gil Soffer, analista jurídico, declaró al portal ABC7 que «el gobierno considera que se trata de un patógeno peligroso, algo que, francamente, va más allá; es algo que tiene el potencial de causar daños a gran escala a la economía y a nuestro sistema agrícola». Es una preocupación que comparten autoridades judiciales, y para quienes este tipo de condenas «son una medida pequeña pero importante contra las amenazas biológicas secretas provenientes de China».
Lo cierto es que no hay evidencia pública ni documentos oficiales que prueben que el régimen chino esté enviando material biológico a EEUU con intención de provocar algún tipo de guerra biológica. Sin embargo, los distintos casos podrían revelar un patrón amplio de circulación irregular de material biológico, conectado al PCCh.
EEUU y China compiten por el dominio de la biotecnología
Hasta febrero, autoridades de EEUU investigaban un presunto laboratorio biológico vinculado a China, descubierto en una vivienda de Las Vegas. Más de 1000 pruebas, que incluían «materiales biológicos y potencialmente peligrosos», fueron localizadas en un garaje cerrado con llave. El propietario es Jia Bei Zhu, un ciudadano chino.
Este y los otros episodios se enmarcan en un escenario de creciente rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China donde, al dominio de la inteligencia artificial y la carrera espacial, también se suma la biotecnología, definida como “el diseño y la ingeniería de sistemas, dispositivos y componentes biológicos”. Si bien Pekín está cerrando la brecha en inversión estatal directa, EEUU sigue superando el total nacional. En 2023, el gasto total de Estados Unidos en investigación y desarrollo alcanzó los 940.000 millones de dólares, mientras que el de China fue de aproximadamente 812.000 millones, según la Fundación Nacional de Ciencias.
Por ende, los reiterados casos de contrabando de patógenos a Estados Unidos plantean una incógnita: ¿Se trata de crímenes aislados dentro de la comunidad científica o forma parte de un plan geopolítico trazado por la cúpula del régimen chino?












Las preguntas, son sin respuesta, mientras no sean confirmadas éstas. Sin embargo, para curarse en salud, mejor sería desconfiar cautelarmente. Las pandemias, asi como las mortales pestes del medievo, acaban con naciones enteras. Se hace imperativo, una vez “descubiertas” las irregularidades microbianas, considerarlas enemigos potenciales, no bajar la guardia en los controles y desconfiar siempre. Nunca se sabe por donde van a destruirnos.