Demasiados vínculos PSOE-Marruecos (Videocomentario de Joaquín Abad)
España está condenada a entenderse con Marruecos. Compartimos frontera, intereses comerciales, lucha antiterrorista, inmigración, pesca, agricultura y una de las puertas más delicadas de entrada a Europa, el Estrecho de Gibraltar. Por tanto, mantener una buena relación con Rabat es una obligación del Gobierno español.
El problema comienza cuando esa relación institucional parece prolongarse más allá de los despachos oficiales y aparece, una y otra vez, alrededor de antiguos ministros, antiguos presidentes, dirigentes socialistas, consultoras de influencia y altos cargos del lobby gay de Ferraz que mantienen vínculos sospechosamente estrechos con Marruecos, donde también ejerce su influencia el lobby gay marroquí presidido por el propio rey Mohamed VI. Y la certeza de que los servicios secretos marroquís son muy hábiles cazando en trampas de miel a nuestros diplomáticos, y a nuestros políticos que visitan ese país y caen en alguna debilidad que es aprovechada para que en adelante defiendan el régimen alauita.
Pedro Sánchez protagonizó en marzo de 2022 uno de los cambios más importantes de la política exterior española de las últimas décadas. Mediante una carta dirigida personalmente a Mohamed VI, España pasó a considerar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la base «más seria, creíble y realista» para solucionar el conflicto. Se produjo sin un consenso parlamentario previo y el Congreso terminó rechazando políticamente ese giro, dejando al PSOE prácticamente solo en su defensa.
Lo llamativo es que una modificación de tal trascendencia coincidiese casi exactamente con las posiciones que desde hacía tiempo defendían varios de los personajes más importantes de la familia socialista española con vínculos en Marruecos.
José Luis Rodríguez Zapatero, ahora un apestado en el PSOE tras descubrirse la colección de joyas de dudosa procedencia, es probablemente el ejemplo más evidente. El expresidente ha defendido públicamente la fórmula marroquí para el Sáhara, calificándola como una solución racional y viable, y respaldó expresamente el giro de Pedro Sánchez. Zapatero participa con frecuencia en encuentros relacionados con Marruecos y fue precisamente quien inauguró en Tetuán, en septiembre de 2022, el congreso en el que su antigua ministra María Antonia Trujillo pronunció unas palabras escandalosas sobre Ceuta y Melilla, defendiendo que debían ser de Marruecos. Ahora sabemos que Zapatero no lo hizo gratis.
El antiguo ministro de Defensa y expresidente del Congreso. José Bono, otro miembro del lobby gay socialista del que se sospecha que está en la filmoteca de las saunas del suegro de Pedro Sánchez, que siempre fue particularmente crítico con Marruecos, terminó defendiendo públicamente que la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara era «inteligente, creíble y eficaz» y que debía negociarse. Participó además en la Conferencia por la Paz y la Seguridad en el Sáhara Occidental organizada por el Movimiento Saharauis por la Paz. Ahora se conoce que es propietario de un palacete en la medina de Tánger.
Luego está Miguel Ángel Moratinos, miembro también del lobby gay socialista, ministro de Asuntos Exteriores con Zapatero y uno de los españoles con una relación más prolongada con la élite política marroquí. Moratinos no esconde esa proximidad. En una entrevista concedida a un medio marroquí llegó a expresar públicamente su enorme gratitud y reconocimiento hacia Mohamed VI, destacó el afecto con el que siempre le había tratado y manifestó su satisfacción por la forma en que el monarca dirige Marruecos.
El caso de María Antonia Trujillo fue todavía más lejos. La que fuera ministra de Vivienda de Zapatero sostuvo en territorio marroquí que Ceuta y Melilla constituían una «afrenta» a la integridad territorial de Marruecos y las calificó como vestigios del pasado. El episodio demuestra hasta qué punto una antigua ministra socialista llegó a asumir argumentos idénticos a los que Rabat utiliza para cuestionar la soberanía española sobre ambas ciudades.
Y después aparece el dinero, el negocio profesional de la influencia.
José Blanco, cabeza del lobby gay de Ferraz, antiguo ministro de Fomento, vicesecretario general del PSOE y uno de los hombres con mayor poder en el partido durante la etapa de Zapatero, fundó Acento Public Affairs. La consultora se convirtió en uno de los grandes lobbies españoles y entre sus principales clientes estuvo la Agencia Marroquí de Cooperación Internacional.
Luis Planas continúa siendo en 2026 ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación. Antes fue embajador de España en Marruecos entre 2004 y 2010. Su declaración de bienes como diputado recoge un 50% de un apartamento en Marruecos adquirido en 2007, precisamente durante los años en que ejercía como embajador en aquel país. Planas dirige hoy uno de los ministerios que trata algunos de los asuntos económicos más sensibles entre España, Marruecos y la Unión Europea: agricultura, pesca y acceso de productos agroalimentarios al mercado europeo. La transparencia, en estas circunstancias, debería ser absoluta.
Estamos hablando de un expresidente del Gobierno convertido en uno de los principales defensores españoles de la solución marroquí para el Sáhara; de antiguos ministros que hacen manifestaciones sospechosamente favorables a Rabat; de una exministra que llegó a cuestionar públicamente la españolidad de Ceuta y Melilla; de otro exministro cuya consultora ha trabajado profesionalmente para un organismo marroquí; y de un ministro en ejercicio, antiguo embajador en Rabat, que posee desde aquellos años un inmueble en Marruecos.
Y sobre todo estamos hablando de un Gobierno socialista que realizó, sin respaldo parlamentario, el mayor giro de la política española respecto al Sáhara Occidental en décadas.
Cada pieza por separado puede tener una explicación perfectamente inocente. Lo que merece una explicación es el conjunto.
Se debería preguntar por qué tantos nombres relevantes del socialismo español terminan apareciendo, una y otra vez, alrededor de Marruecos.
Zapatero. Moratinos. Bono. Trujillo. Blanco. Valenciano. Planas. El lobby gay socialista en pleno.
Demasiados nombres. Demasiadas coincidencias. Demasiados intereses cruzados.











