Sánchez y los españoles no han visto la misma corrida
Xavi Altamirano.– Allá por el 2000 tuve la fortuna de acudir a una corrida en La Malagueta con un cartel increíble: Curro Romero, Joselito y José Tomás, con toros de Juan Pedro Domecq. Me acompañaban mi hermano Manolo, aficionado de bien y «Currista» hasta las trancas, y mi suegro, Antoñete Galán, profesional de los toros —único mozo de espadas de su sobrino Antonio José Galán—. Entendido sería un calificativo menudo para definir a Antoñete. Me atrevo a decir que, si existiese un doctorado, sería suyo en propiedad. Además, tenía una memoria privilegiada que le hacía brillar en aquellas siempre entrañables tertulias de entonces, ante las retransmisiones de Moles en aquel Canal Plus.
Pues a la salida, entre el bullicio de los alrededores de La Malagueta, mientras íbamos los tres con la intención de tomar algo en Refectorium, mi hermano Manolo saludó a un amigo que le preguntó aquello de: «¿Cómo ha estado tu Curro?». Y Manolo le contestó con gesto alegre: «Ha dado al segundo tres tandas de naturales, sin moverse de un metro de suelo. Ha estado para comérselo».
Se volvieron a abrazar al despedirse, delante de Antoñete y de mi. Se hizo un silencio entre nosotros que se rompió cuando Antoñete le preguntó a mi hermano «Currista»: «Manolo, ¿tú y yo hemos visto la misma corrida?».
No tuve más remedio que soltar una sonora carcajada que no gustó a Manolo, pero todo se resolvió con tres copas de Tío Pepe en la barra.
¡Qué los echo de menos a los dos y vivos están en mí!
Pues esa es la corrida que ha visto Pedro Sánchez en Ceuta, y la ha grabado a fuego en las cabecitas de los ridículos «héroes» de sus ministros. Los califico de héroes porque hay que serlo para tener la increíble valentía de mostrarse públicamente a defender lo indefendible con el «relato» que hoy ha esgrimido Sánchez desde la tribuna de «majaras» en la que hoy han transformado estos — todos mediocres politicuchos — la tribuna del Congreso de los Diputados.
Sánchez ha visto una corrida imposible de creer, peleando con la evidencia en cada párrafo de un escrito leído con ansiedad y la frente arrugada, que hasta para una persona como el Presidente, con su destreza en mentir, se salía hoy de lo normal. Pero más anormal ha sido la defensa de los tertulianos amancebados en todas las cadenas, que ha bordado la estupidez.
¿Hasta cuándo van a aguantar los mamanabos para echarlo de aquí? ¿Tan tiesos están que no pueden vivir sin los sueldos y sin chóferes? ¿No tienen carnet de conducir estos pelotas?
Feijóo, por lo menos, ha estado suelto, «que es raro en él». Los socios ridículos, menos el macarra de Rufián, que ha metido el dedo en la llaga nombrando la apatía de «La Pájara Robles».
Lo de Abascal, repetitivo, monótono y con un contenido tan simplón que demuestra su poca capacidad. Qué suerte tiene este tío, al estar en el sitio adecuado a la hora adecuada.
Dios nos coja confesados.
Y las españolas, que vayan acostumbrándose al velo, si el año que viene ganan las elecciones esta gentuza.











