El cisne negro de Ceuta (Videocomentario de Joaquín Abad)
Empieza a circular una teoría inquietante sobre la crisis de Ceuta. ABC ha recogido que en ámbitos relacionados con la inteligencia se habla de un posible «cisne negro»: una crisis de suficiente gravedad como para que Pedro Sánchez altere el escenario electoral español, como lleva años anunciando el comisario Villarejo en el universo YouTube que lo viene entrevistando y donde anticipó la detención de Maduro por los norteamericanos y la caída del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Lo ocurrido en Ceuta puede acabar siendo utilizado por el sanchismo para algo mucho mayor que resolver una emergencia fronteriza.
Estamos hablando de la entrada en territorio español de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos y del África subsahariana en apenas unas horas, de una ciudad sometida a una tensión extraordinaria y de una crisis que el propio Gobierno ha situado en el ámbito de la Seguridad Nacional. Y sabemos, además, que existieron informes previos de los servicios de inteligencia, aunque el ministro Marlaska sostiene que ninguno permitió anticipar la magnitud de lo que terminaría ocurriendo.
A partir de ahí aparece el artículo 116 de la Constitución.
Pedro Sánchez no puede suspender unas elecciones indefinidamente porque le apetezca. Los estados de alarma, excepción y sitio están sometidos a controles parlamentarios y constitucionales. Pero existe un dato que explica por qué algunos analistas están mirando con tanta atención ese artículo: mientras está declarado alguno de esos estados excepcionales, no puede disolverse el Congreso.
Es evidente que una situación excepcional proporcionará a Pedro Sánchez tiempo político, modificar el momento de una eventual convocatoria anticipada y permitirle acudir a las urnas cuando considere que las condiciones son menos adversas para él.
Además, Sánchez ha decidido señalar al Rey en el centro de la crisis reprochado públicamente la ausencia de Felipe VI en Ceuta y Melilla. Incluso habló equivocadamente de más de veinte años de reinado cuando Felipe VI lleva doce.
Felipe VI no puede organizar por su cuenta una visita a las dos ciudades del norte de África ya que la presencia del jefe del Estado en Ceuta o Melilla no la consiente el rey de Marruecos, así de claro.
Óscar Puente había acusado semanas antes a la Casa Real de haber cruzado una «línea roja» por determinadas actuaciones del monarca y había recordado públicamente que posee «alma republicana». Otros sectores de la izquierda mantienen desde hace años una posición abiertamente republicana. Y ahora es el propio presidente quien coloca a Felipe VI dentro de una controversia de enorme carga emocional relacionada con la españolidad de Ceuta y Melilla.
Parece evidente que se prepara el terreno para que las próximas elecciones dejen de ser simplemente unas elecciones sobre la gestión de Pedro Sánchez y se conviertan en algo parecido a un plebiscito sobre el modelo de Estado.
Se han presentado más de un millón de solicitudes de nacionalidad, con un peso enorme de Argentina y Cuba, y centenares de miles de expedientes continúan tramitándose. Eso supone que el censo exterior puede crecer de manera considerable antes de las próximas elecciones.
Durante los próximos meses empezamos a escuchar cada vez con mayor frecuencia palabras como emergencia nacional, consulta ciudadana, modelo de Estado, República plurinacional o necesidad de dar la palabra al pueblo, entonces habrá que recordar lo ocurrido en Ceuta. Y todos los casos de corrupción que rodean al presidente Sánchez pasan a un segundo plano.
Porque los grandes cambios políticos no suelen comenzar anunciando el resultado final. Primero se introduce una idea, después se consigue que todo el país discuta sobre ella. Y solamente entonces llega la pregunta. Monarquía o República. Y ya sabemos que el sueño húmedo de Sánchez es pasar a la historia como el político que reinstauró la III República española.











